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Adultos mayores no pueden ir a casa

Las circuntancias en la vida de los ancianos, la falta de empleos que les garantizarán seguridad social y de ahorro, apoyar a sus familiares o el deseo de seguir activos, son las principales causas para que la población continúe trabajando

CIUDAD DE MÉXICO.

El COVID-19 es una amenaza para los adultos mayores quienes deberían permanecer en sus hogares, sin embargo en México el llegar a la tercera edad no es sinónimo de descanso por una vida de esfuerzos, ni de unión familiar, de acuerdo con estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en el país residen 15.4 millones de adultos mayores, de los cuales 1.7 millones viven solos y se estima que cuatro de cada 10 son económicamente activos.

La prevención ante la contingencia sanitaria que vive México no se vive igual para todos los sectores sociales. Las circuntancias de en la vida de los ancianos, la falta de empleos que les garantizarán seguridad social y de ahorro, apoyar a sus familiares o el deseo de seguir activos, son las principales causas para que la población continúe trabajando aún cuando en Italia, país donde hay mayor número de fallecidos, el promedio de edad de las víctimas del coronavirus es entre los 60 y 90 años.

En el mercado de Portales locatarios y compradores de la tercera edad coinciden en que no se pueden dar el lujo de cerrar o de no salir por sus alimentos. Algunos por la soledad, otros por ser todavía el pilar de sus familias.

Desde hace 35 años, Rubén Porras Martínez, de 73 años, inició su negocio de cremería, en el cual trabaja con su hija, nieto y sobrino. Aunque tenga temor, sabe que su negocio es familiar y viven al día.

Nosotros no tenemos lo que tienen las empresas: vacaciones, aguinaldo, seguro o  indemnización, nada de eso, nosotros vivimos al día”, declaró el comerciante.

Desde hace 42 años Guadalupe Córdoba y Jesús Ortiz han sido vendedores de embutidos, quesos, alimentos enlatados, para ellos, mantenerse en el negocio es una forma de sentirse activos, aun cuando sus hijos, quienes se formaron profesionalmente por el negocio, les aseguran que los apoyarían.

Si nos apoyan los hijos, en la casa para mi nunca se acaba el quehacer, pero yo creo que él sí se deprimiría, le gusta estar activo. No sentirse viejo”, comentó Guadalupe de 69 años, mientras desinfectaba sus vitrinas.

Su marido dice que ha dejado en todos los años de su negocio “el pelo y los dientes”. Acepta que su único temor es perder a su esposa, pero confía en que las medidas de higiene los mantendrán a salvo.

Hay que trabajar. Hay que salir. El bicho no está en el aire. Esta en la gente enferma”, aseguró.

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