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Dorothea Puente, la macabra abuelita que enterraba cadáveres de sus víctimas

Por Agencias

Existen casos de asesinatos que evidencian que algunas veces el autor de los crímenes no encaja con la imagen de estos seres humanos despiadados a los que no les cuesta arrebatar una vida. Un ejemplo de ello es lo que sucedió hace 31 años en California, Estados Unidos.

Lo anterior, luego de que la Policía descubriera que una ‘dulce’ abuelita con rostro tierno era en realidad una de las asesinas seriales más peligrosas de la historia, pues su forma de matar era conpasteles envenenados que regalaba a sus víctimas, quienes al comerlos caían en un profundo sueño para ser asfixiados por la anciana.

Se trata de Dorothea Puente, quien dirigía un albergue en California, en donde preparaba los postres; posteriormente, enterraba los cuerpos en el patio.

Fue en 1988 cuando las autoridades comenzaron a investigar la misteriosa desaparición de uno de los inquilinos de Dorothea, Alberto Montoya.

Sin embargo, debido a la dulce personalidad de la mujer, jamás sospecharon que estuviera involucrada con la desaparición, pues veían que con mucho amor cocinaba para los que trabajaban con ella.

Todo apuntaba a que el caso llevaría tiempo, pero cuando las autoridades salieron notaron que había un montón de tierra entre los parches de hortalizas y arbustos.

Lo anterior despertó las sospechas, por lo que comenzaron a excavar, y descubrieron con horror que había un cuerpo que más tarde fue identificado como Leona Carpenter, de 78 años; en la misma zona hallaron otros seis cadáveres.

Entre ellos estaba el cuerpo de Alberto, de 51 años, Dorothy Miller, de 64, Benjamin Fink, de 55, James Gallop, de 62, Vera Faye Martin, de 64, y la vieja Betty Palmer, de 78.

Conforme avanzaron las investigaciones, descubrieron que las víctimas habían sido envenenadas, y Dorothea confirmó que las comidas de sus inquilinos estaban cargadas de cantidades tóxicas de pastillas para dormir.

Fue así que durante más de una década ella asesinó a siete personas, siempre con su modus operandi: pastel con pastillas, para después asfixiarlas con una almohada cuando estas se quedaban dormidas.

Finalmente, la ‘tierna anciana’ fue acusada de siete asesinatos. Durante su juicio, cinco años después, en 1992, cuando tenía 63 años de edad, los jurados lucharon para decidir si era simplemente una abuela de dedos ligeros encarcelada por asesinato, o una asesina calculadora que se escondía detrás de una fachada caritativa.

Los testigos, que fueron más de 130, refirieron que era sin duda una de las ‘mujeres asesinas más frías y calculadoras que el país había visto’. La fémina fue condenada por tres asesinatos y recibió cadena perpetua.

Dorothea murió en la cárcel en 2011, a la edad de 82 años.

 

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