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El crítico y autor Alfred Alvarez, amigo de Sylvia Plath, fallece de neumonía a los 90 años

Ayer martes, amigos y admiradores recordaron el gran legado del autor, quien tuvo una productiva y controversial carrera. “Al” Alvarez comenzó como crítico y editor de poesía; después escribió novelas, poemas y libros de no ficción.

Agencias

Londres

 

Alfred Alvarez, el crítico y autor que ayudó a conformar la poesía moderna en su natal Inglaterra, quien exploró de todo de la extracción de petróleo al póker y escribió una popular historia sobre el suicidio tras su propio intento por quitarse la vida y la muerte de su amiga Sylvia Plath, ha muerto. Tenía 90 años.

Alvarez falleció de neumonía el lunes en Londres, de acuerdo con sus representantes literarios en Aitken Alexander Associates.

Firmaba sus obras como A. Alvarez o Al Alvarez, y tuvo una larga, productiva y controversial carrera. Comenzó como un crítico altamente influyente y como editor de poesía de Observer, fue uno de los primeros en impulsar a Plath, su entonces esposo Ted Hughes, John Berryman y otros que consideraba que inyectarían vida a la poesía contemporánea. Después escribió novelas y poemas, además de libros de no ficción “más allá del fraude” del mundo literario, ya fuera escalada de rocas (Feeding the Rat), natación (Pondlife), la búsqueda de petróleo en el Mar del Norte (Offshore) o el póker (The Biggest Game In Town).

 

Firmaba sus obras como A. Alvarez o Al Alvarez, y tuvo una larga, productiva y controversial carrera. Foto: Especial

 

“La gente solía preguntarme de muchas maneras qué hacía un tipo literario que sabía de poesía metido en asuntos como ese”, escribió en las memorias Where Did It All Go Right? publicadas en 1999. “Lo hice porque me di cuenta pronto que tenía sólo una oportunidad en el planeta, así que tenía que ver por mí mismo lo que había en oferta”.

El martes amigos y admiradores recordaron el gran legado de Alvarez, algunos destacaron a The Biggest Game of Town por ayudar a popularizar la Serie Mundial de Póker que cubrió en 1981. El autor y admirador del póker Jim McManus escribió en un página de Facebook que el libro de Alvarez “inspiró a muchos miles de amateurs a jugar en ese torneo y a varios periodistas”.

La obra revelación de Alvarez, publicada en 1971, fue la más dolorosamente personal. En The Savage God: A Study of Suicide (El Dios Salvaje: ensayo sobre el suicidio) repasó la historia de cómo la sociedad ha visto el suicidio, desde los siglos en los que fue tratado como un tabú religioso a la glorificación por los románticos del siglo XIX y al absurdo y la desesperación de los tiempos modernos.

 

Elogiado por Joyce Carol Oates en el New York Times como “provocador y excepcionalmente bien escrito”, el libro ayudó inadvertidamente a lanzar una industria editorial artesanal: comenzaba con uno de los primeros testimonios largos sobre los últimos meses en la vida de Plath, quien fue encontrada muerta en 1963 a los 30 años en su cocina en Londres tras sellar la ventana y la puerta y meter la cabeza en el horno para intoxicarse con gas. Su muerte fue calificada como un suicidio, aunque Alvarez cuestionaría si Plath — quien tenía dos hijos pequeños — buscaba matarse.

Foto: Especial

Alvarez quería que Plath fuera conocida por su obra y en “The Savage God” escribió “la pena no es que hay un mito de Sylvia Plath sino que el mito no es simplemente el de una poeta enormemente talentosa cuya muerte llegó descuidadamente, por error, y demasiado pronto”.

Su libro y su pasaje sobre el largo cabello suelto de Plath y su olor “penetrante como el de un animal” desataron especulaciones sobre si él y la poeta eran amantes. Alvarez habló sobre los rumores en la década de 1990 cuando dijo a la biógrafa de Plath Janet Malcolm que “Sylvia no era mi estilo, no era mi tipo físico”. In “Where Did It All Go Right?” Alvarez escribió que después de que Hughes se fue, Plath necesitaba “alguien con quién vivir y que la cuidara”.

 

“Yo no estaba a la altura de su desesperación y eso me asustó”, escribió, mientras que agregó que nunca “jugó” con la idea de que “pasar de amigo a amante habría hecho mucha diferencia para ella al final de cuentas”.

En la película de 2003 “Sylvia”, protagonizada por Gwyneth Paltrow como Plath y Daniel Craig como Hughes, Jared Harris interpreta a Alvarez.

Foto: Infobae

Cuando conoció a Plath, el mismo Alvarez casi se quitó la vida. Su primer matrimonio con Ursula Barr, estaba terminando y las historias de su infancia sobre sus padres “poniendo desanimadamente” sus cabezas dentro de hornos de gas lo perseguían. Estaba tan deprimido que tragó 45 pastillas para dormir y quedó en coma. Despertó días después y desde entonces vería la experiencia como una muerte y un renacimiento.

“Comencé a tener gradualmente otro estilo de vida, menos teorético, menos optimista, menos vulnerable. Estaba listo para una mediana edad insensible”, escribió en “The Savage God”.

Alvarez se casó con Anne Adams en 1966 y tuvo dos hijos con ella. Previamente tuvo un hijo con Barr, quien era nieta de Frieda Lawrence, viuda de D.H. Lawrence, un linaje que según Alvarez lo llevó a proponerle matrimonio. Alvarez escribió brevemente sobre su primera esposa en “The Savage God” y con más profundidad en “Life After Marriage” de 1982 que Barr denunció en London Review of Books como ficción, mientras que agregó: “es una lástima que no tenga el buen gusto ni el talento para presentarlo como tal”.

Alvarez nació en Londres, y cuando era joven se sentía atraído por las aventuras y la contemplación, aunque al principio ganó la contemplación. En el Corpus Christi College de Oxford absorbió tanta teoría literaria que fundó un grupo de discusión llamado Critical Society. Se convirtió en crítico de poesía y editor de Observer en 1956, pero una década más tarde estaba aburrido de analizar las creaciones de otros. Su epifanía llegó al leer “Bleak House” que lo “atrapó” tanto que no se molestó en analizarlo.

“Yo estaba ahí, era un crítico literario pagado y reconocido, y se me ha olvidado que los autores escriben libros para dar placer”, escribió en sus memorias. “Debí saber eso cuando decidí primero que escribir era lo que quería hacer con mi vida, y si los años de producir críticas en masa me hicieron olvidarlo, entonces debía abandonar la crítica y regresar al principio”.

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