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¿En qué se parece la crisis de 2008 a la actual?

CIUDAD DE MÉXICO.- A medida que los gobiernos de todo el mundo lidian con los efectos económicos y de salud del Covid-19, existen sorprendentes similitudes con la crisis financiera de 2008 y hay algunas lecciones que se pueden aprender. Los primeros signos indican que la Unión Europea (UE) está respondiendo más eficazmente a esta crisis que en 2008.

Muchos gobiernos europeos están aumentando sus gastos para compensar las pérdidas económicas, algo que en la crisis financiera de 2008 se realizó de manera insuficiente y asimétrica. Esto es necesario cuando una economía se contrae, pero depende del aumento de la deuda pública, y las cifras son más altas esta vez. Según las previsiones del FMI, para finales de año la deuda pública alcanzará en promedio casi el 105.1% del PIB en la eurozona (Italia, Grecia, Francia, España y Portugal superarán esto).

Un problema vinculado a la deuda es que los inversores pueden vender los bonos de un país para comprar los de otro más creíble denominado en la misma moneda. La incertidumbre sobre si el BCE rescataría a los miembros con dificultades en 2008 (Grecia, Irlanda) condujo a un aumento vertiginoso del costo de préstamo en estos estados y el declive en otros (Alemania, Francia). La crisis se evitó cuando Mario Draghi dejó en claro en 2012 que el BCE haría lo que fuera necesario para preservar el euro.

Esta vez, el BCE ha actuado mucho más rápido, lo que ha mantenido bajos los costos de endeudamiento. En marzo, el BCE creó el Programa de Compra de Emergencia Pandémica, un esquema de 750 mil millones de euros, que involucra deuda pública y privada. Y se ha propuesto otro fondo por la misma cantidad para financiar la recuperación.

La diferencia con 2008 es que Alemania y Francia han liderado los pedidos de apoyo financiero. Sin embargo, Austria, Dinamarca, los Países Bajos y Suecia se oponen a la idea de transferencias y prefieren un fondo de emergencia financiado por préstamos. Se espera que esto ser resuelva en la próxima cumbre de la UE de la próxima semana.

Como hace una década, el problema serán las condiciones asociadas al apoyo. La crisis de la eurozona fue vendida con una narrativa que enfrentó los supuestos “valores” del norte de Europa de trabajo duro, ahorros prudentes, consumo moderado y estabilidad fiscal contra los “vicios” del sur de baja competitividad, gasto inmerecido, salarios inflados y despilfarro. El apoyo financiero llegó con políticas estrictas de austeridad que implicaron reducción en el gasto público, recortes salariales y aumentos de impuestos.

Esta narrativa ha perdido fuerza. La división norte-sur observada en 2009 es menos clara ya que Alemania parece haber “cambiado de lado”. La última crisis también mostró que la austeridad no fue útil para detener el aumento de la deuda pública. El crecimiento del PIB se redujo en más del 6% y el desempleo se disparó a tasas de entre 15% y 20%, en el caso de España se llegó al 26.1% en 2013.

Es posible que los fondos no sean suficientes para todos los estados miembros, y para que los gobiernos soliciten préstamos adicionales será crucial darles seguridad a los inversores. Las tasas de interés son bajas, pero si hay pánico las cosas podrían cambiar y la austeridad podría regresar para seguir siendo creíbles.

Hay margen de maniobra: los prestamistas de la UE y el FMI han estado abiertos a las soluciones propuestas por los estados miembros de la UE, siempre que alcanzaran ciertos objetivos. Por ejemplo, Grecia, Irlanda y Chipre resistieron con éxito la implementación de algunas políticas que no les gustaban, y los prestamistas a veces estaban dispuestos a hacer la vista gorda y dejar esto sin sanción.

La crisis de la eurozona mostró que cuando la UE retrasó la acción colectiva, permitió a los mercados financieros explotar las diferencias entre los precios de los bonos soberanos. La respuesta al coronavirus sugiere que en la UE ahora son conscientes de esto. El desafío para la eurozona sigue siendo actuar colectivamente para no regresar a la austeridad.

En la UE aprendieron algunas lecciones a partir de la crisis del 2008-09. Una de ellas es la importancia de una pronta respuesta por parte del BCE. A fin de afrontar las consecuencias económicas del Covid-19, el FMI proyecta que la deuda pública en la UE llegará al 105.1% del PIB, lo que supera a la reacción que se dio durante el periodo 2008-2012.

A Detalle

La reacción de Europa a la crisis del Covid-19 está siendo muy distinta a la de 2008-2009, cuando la intervención del BCE fue lenta y titubeante y primó el criterio de la austeridad fiscal. En esta ocasión, el BCE ha respondido con premura y con un masivo programa de compra de deuda, y por el lado fiscal se dispone a forjar un gran paquete de reconstrucción económica…

Otra importante lección es que, a fin de no caer en políticas extremas de austeridad es necesaria una respuesta coordinada por parte de los gobiernos. El no hacerlo así, sumando a la posible fragilidad fiscal puede resultar en el aumento vertiginoso del costo financiero que se vivió en el periodo 2008-2012, una buena noticia es que, hasta ahora, este sigue bajo.

 

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