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Frío extremo, nuevo calvario de los desplazados en Siria

Casi 900 mil personas han huido de la violencia en Idlib, pero el mal clima ha provocado la muerte de al menos 20

BEIRUT.

Una ofensiva militar sobre una región del noroeste de Siria controlada por la oposición creó una de las peores catástrofes para los civiles en la larga guerra civil que asola el país. Cientos de miles de personas tuvieron que huir y muchas duermen al aire libre, bajo los árboles, con temperaturas gélidas.

La ofensiva del ejército de Damasco en la provincia de Idlib y en zonas rurales de la vecina Alepo también mató a cientos de civiles, pero el duro invierno ha agravado el dolor.

El clima causó la semana pasada diez muertes: cuatro personas fallecieron por hipotermia, una familia de cuatro murió asfixiada en su tienda y dos más se quemaron cuando la suya se incendió, explicó Mohammed Hallaj, coordinador del Grupo de Coordinación de Respuesta en la zona.

La oenegé Save the Children, que informó el martes pasado sobre la muerte de otros siete niños en el noroeste del país por condiciones climatológicas y malas condiciones en los campamentos de desplazados, advirtió que el número de fallecimientos podría aumentar debido a las condiciones inhumanas en las que viven los desplazados.

Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), desde mediados de diciembre más de 400 civiles han muerto, entre ellos 112 niños.

Nizar Hamadi, de 43 años, perdió a su hermano y a otros tres parientes, incluyendo un niño de tres años. Su familia tuvo que huir varias veces para esquivar la rápida ofensiva gubernamental y terminó en un asentamiento compuesto por rudimentarias tiendas unidas con palos y telas.

“Fue destino de dios que hiciera mucho frío. Las temperaturas no estaban por debajo de los -8 o -9 grados centígrados y esto es muy raro en Siria”, contó desde la localidad de Binnish, en Idlib.

Según contó, su hermano, Steif Abdel-Razak Hamadi, se había trasladado al norte por los ataques en Binnish y habilitó un refugio para su familia en Killi. El martes, instaló un calentador de carbón y, cuando cayó la noche y el fuego se apagó, lo puso dentro de la tienda y se fue a dormir con su esposa, dos hijos y un nieto.

“Durante toda la noche, el calentador estuvo absorbiendo todo el oxígeno en la tienda”, dijo Hamadi.

Cuando un hijo que dormía en otra tienda se despertó y fue a la de sus padres, encontró a los cuatro muertos.

El asalto del gobierno, respaldado por Rusia, sobre Idlib, el último bastión de la oposición, ha dejado cerca de 900 mil desplazados, en su mayoría mujeres y niños, desde el 1 de diciembre, y casi todos huyeron a zonas más seguras cerca de la frontera con Turquía, informó Stephane Dujarric, vocero de Naciones Unidas. Al menos 143 mil personas tuvieron que moverse el fin de semana pasado.

“Las necesidades humanitarias están creciendo exponencialmente”, apuntó Dujarric. “La emergencia en curso agrava la situación humanitaria ya grave de la gente en el noroeste, que son vulnerables tras años de crisis, violencia, recesión económica y, por supuesto, múltiples desplazamientos”, explicó.

Familias aterrorizadas, apiñadas en camionetas y autos, sentadas sobre colchones y mantas, atascando enlodadas carreteras rurales protagonizan desgarradoras escenas de éxodo recurrentes en el conflicto sirio, que está en su noveno año.

Alrededor de la mitad de la población de la región ya había tenido que trasladarse desde otras partes, por lo que los campos formales están llenos.

“Hace frío, está nevando y nuestra vida es terrible, no podemos soportar este frío y los niños tampoco”, afirmó una mujer que se identificó con el apodo Um Muhammad, que había huido recientemente y estaba instalando una tienda de campaña cerca de la frontera con Turquía.

Los combates han matado a mil 700 personas desde el pasado abril, y la última ofensiva militar está interrumpiendo las operaciones de ayuda, según la ONU. Hasta el 11 de febrero, al menos 72 instalaciones médicas habían suspendido sus servicios por la inseguridad o los desplazamientos masivos, agregó.

El emisario de la ONU para Siria, Geir Pedersen, alertó esta semana al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre “el riesgo inminente de una escalada” de violencia en el noroeste del país en guerra, tras recientes amenazas de Turquía y Rusia.

“No puedo informar de ningún avance para poner fin a la violencia en el noroeste o reimpulsar el proceso político”, dijo Pedersen.

Rusia hizo una advertencia al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, después de que éste amenazara con lanzar pronto una ofensiva militar en Siria contra las fuerzas del régimen de Bashar al-Assad en la región de Idlib.

En las intervenciones de países miembros del Consejo de Seguridad, Alemania hizo un llamamiento al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, para que actúe para detener el conflicto que, hasta ahora, ha desplazado a más de 500 mil niños.

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