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Los Arreola responden a Elena Poniatowska

El 23 de noviembre, Excélsior publicó una entrevista con la escritora respecto de su libro El amante polaco. En ella reveló que el personaje “el maestro” era Juan José Arreola, a quien señaló de haberla atacado sexualmente en los años 50. La familia del cuentista contestó con una misiva que busca contrarrestar “una injusta narrativa de falsedades”

CIUDAD DE MÉXICO.

Durante una entrevista con Excélsior, publicada el pasado 23 de noviembre y cuyo tema central fue la aparición su novela El amante polaco, la escritora mexicana Elena Poniatowska compartió por primera vez la historia detrás del nacimiento de su primer hijo, Emmanuel Mane Poniatowski, en 1955, y lo difícil que fue convertirse en madre soltera en esa época.

Detalló la convivencia con el personaje “el Maestro”, al que visitaba una vez a la semana en su departamento, donde lo encontraba pintando su tablero de ajedrez. Cuenta su admiración por él y la convivencia que tuvieron hasta la tarde en que, de acuerdo con su versión, la atacó sexualmente, hecho que transformó su vida, pues quedó embarazada.

La escritora compartió cómo tuvo a su hijo en Italia y le aconsejaban darlo en adopción, pero decidió conservarlo. Ante la pregunta de si “el Maestro” era el escritor Juan José Arreola, dijo que sí. “Ya se sabía, muchos lo saben. Pero no hay que decirlo, para qué, además, ya pasaron tantos años”. Y aclara que le dio a leer el libro a Mane. “Le pareció bien que lo publicara”.

Ante este hecho, la familia de Arreola, fallecido en 2001, envió a este diario una misiva titulada Fe de erratas, en la que, “sin enconos personales”, defiende al cuentista tapatío y especula sobre los motivos de la acusación. “El tiempo parece haber afectado a la memoria”, se subraya.

De manera adjunta, la familia Arreola compartió también una copia de una carta que Poniatowska envió al escritor desde Europa. Fechada el miércoles 23 de febrero de 1955, la escritora da cuenta de su embarazo y de sus planes al regresar a México: “Los sentimientos en general no se saben volver a encontrar y a lo mejor los dos seremos totalmente nuevos el uno frente al otro sin encontrar nada, sin recobrar el hilo perdido. ¡Tú, un nuevo Juan José, y yo también cambiada! ¡Y te imaginas la angustia y la miseria! Mejor así. No es que quiera yo tener el papel más noble, pero veo lo más práctico. Yo de ti nunca hablaré una palabra con nadie, ¡ni después del bebé!”.

En otro párrafo escribe: “Ya ves que estoy cuerda y sensata, que veo todo con claridad y que no haré estupideces. Claro, te tendré todo el tiempo al corriente de todo, Juan José, y no con contradicciones ni con humores extraños”.

La misiva, según escribe Poniatowska, “es muy clara y muy decisiva”. Y dibuja cierto futuro cercano para el bebé: “Para el niño, es mejor que pueda decir él mismo ‘yo soy hijo de este señor, que representa esto y lo otro en México’, […] y que sienta orgullo y que sienta felicidad”.

La familia Arreola también envió otras dos misivas, pertenecientes a marzo de 1966, y enviadas al cuentista por Tita Valencia, quien ofreció hace unos días una entrevista al diario El País. Ahí reveló la “relación cruel” que mantuvo con Arreola y que quiso reflejar en su novela Minotauromaquia, de 1976.

 

 

 

Fe de Erratas

A los lectores y seguidores de
Juan José Arreola

A nuestros amigos
y familia

 

Con tristeza y molestia hemos leído las recientes declaraciones de dos conocidas autoras que, efectivamente, sostuvieron relaciones sentimentales con nuestro querido padre y abuelo. Por respeto a ellas y a él —ausente para defenderse—, habíamos decidido mantenernos en silencio. Sin embargo, la verdad de los hechos de aquellos años se ha transformado hoy en una injusta narrativa de falsedades que no podemos soslayar.

En abono a la verdad, sin enconos personales y entendiendo la discusión actual en torno a los derechos de la mujer, adjuntamos un grupo de cartas y mensajes (sin edición alguna) de dichas autoras cuyo contenido hace evidente una versión histórica distinta a la difundida, y que conocimos directamente. En ambos casos — no entendemos el porqué— el tiempo parece haber afectado a la memoria (nos rehusamos a creer que se trate de vender libros). De cualquier manera, es una lástima que el querido Juan José no esté aquí para desahogar su derecho de audiencia.

Sabemos quién fue nuestro padre y abuelo. Acompañándolo en la vida conocimos muy de cerca de lo que era y no capaz. Su personalidad bondadosa siempre lo mantuvo lejos de cualquier forma de violencia. Lo suyo fue, desde luego, la discusión apasionada. Finalmente y como se recordó el año pasado durante su centenario, la generosidad que Juan José Arreola ofreció a discípulos y amistades —hombres y mujeres— fue enorme. Así lo manifestaron incontables de sus contemporáneos. Por ello protegemos su memoria con esta Fe de Erratas, con la cual esperamos abandonar toda discusión ulterior. Por su atención, gracias.

Familia Arreola
(carta íntegra)

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