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No se deje engañar, en Cuaresma es común que le den el pescado barato por el más caro: estudio

 

Durante el periodo de Cuaresma aumenta de manera significativa el consumo de productos pesqueros y acuícolas. En 2018, las cifras oficiales estimaron el consumo de 320 mil toneladas, con rangos de precios muy diversos. La demanda es aprovechada por varios comercios que sustituyen los pescados más baratos y otros de menor calidad sin que el consumidor tenga registro sobre ello. Esta mala práctica no sólo afecta el bolsillo de los compradores, también promueve el consumo de especies que podrían estar en peligro de extinción, lo que provoca daños irreversibles para el océano.

Ciudad de México.– Es temporada de Cuaresma y la demanda de productos del mar aumenta. Los mercados, tiendas de autoservicio y restaurantes ofrecen diferentes pescados nacionales e internacionales que a veces, de manera engañosa, intercambian por otras especies sin que el comprador sepa que pagó por un producto distinto al que recibe.

La falta de regulación sobre la venta de estos productos incentiva malas prácticas que dañan la economía, promueven la pesca ilegal y el consumo de animales que se encuentran dentro de la lista roja de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza.

El estudio “Gato x Liebre. Fraude y sustitución de la comida de mar”, realizado por Oceana México y reconocido por organizaciones como la Alianza Comercial de Pequeños Comerciantes (ANPEC), demostró que un alto porcentaje de los locales en los que se distribuye pescado sustituyen sus identidades con fines comerciales.

Renata Terrazas, directora de campañas de transparencia de Oceana y responsable de la investigación Gato x Liebre, aseveró que el desorden institucional afecta a diferentes poblaciones. A los pescadores, que se ven forzados a malbaratar su producto para garantizar ventas, a las especies animales explotadas sin ningún control y a los consumidores que no reciben lo deseado.

“El consumidor está pagando más de lo que está recibiendo. Les están vendiendo gato por liebre. El 30 por ciento de los productos son sustituidos por otras especies. Por ejemplo, una sustitución de mero por basa es casi una sustitución de 6 a 1, en supermercados; el mero puede estar en 600 pesos y el basa a 90 pesos el kilo. Ahí hay un fraude, es una carga económica que pagan los consumidores (…) Alguien está ganando algo por vender esas especies baratas como pescado más caro”, dijo.

La manera en la que se mantienen frescos los pescados en los mercados puede poner en riesgo al salud de los consumidores. Foto: Artemio Guerra Baz, Cuartoscuro.

Las afectaciones económicas son uno de los problemas, sin embargo, alertaron los especialistas que la sustitución y el manejo de los pescados puede convertirse en un problema de salud, ya que se ofrecen mercancías en malas condiciones o con malos tratamientos para su conservación. Así lo destacó Cuauhtémoc Rivera presidente de la ANPEC:

“Hacemos un llamado al consumidor para que tenga cuidados extremos a la hora de comprar y verificar que los productos no estén echados a perder. Asimismo, llamamos a la autoridad, en este caso a la Profeco, para que redoble sus esfuerzos y regule este tipo de prácticas. Es muy común encontrarse con venta de productos a la intemperie, alejados de los esquemas de refrigeración y esta práctica crea el riesgo de estar consumiendo productos de mar echados a perder o en proceso de hacerlo (…) Es probable que el cambio de especies no cause problemas de salud, pero sí daña al no ofrecer los nutrientes o los sabores que fueron comprados”.

Los resultados de la investigación realizada en Ciudad de México, Mazatlán y Cancún arrojaron que el 31 por ciento de los productos del mar había sido sustituido. Los restaurantes encabezan los cambios con un 33.5 por ciento, seguidos de las pescaderías con un 36.5 por ciento y un 16.5 por ciento de los supermercados.

El índice más alto de intercambio se registró en la Ciudad de México, con un 34 por ciento, seguido de Mazatlán con el 31.6 por ciento y Cancún con 26.5 por ciento.

LAS ESPECIES SUSTITUTAS

Para poder realizar el estudio, la organización Oceana realizó pruebas en 462 muestras individuales de código genético de productos del mar. Los resultados se presentaron con base a lo recolectado en Mazatlán (123), Ciudad de México (153) y Cancún (107), teniendo como origen 133 establecimientos distintos: 41 pescaderías, 22 supermercados y 70 restaurantes.

La frecuencia de sustitución de especies en cada ciudad mostró que Mazatlán tuvo un menor número de sustitución de especies en los supermercados (8.3 por ciento), seguidos de pescaderías (33.3 por ciento) y restaurantes (38 por ciento). En la Ciudad de México la frecuencia más pequeña se ubicó también en los supermercados (24.2 por ciento), seguidos de los restaurantes (31.4 por ciento) y las pescaderías (44.6 por ciento). En Cancún el número más pequeño de sustitución fue en los supermercados (14.2 por ciento), comparados con las pescaderías (25.9 por ciento) y los restaurantes (31 por ciento).

Los pescados más sustituidos fueron los siguientes:

Marlín: Con un índice del 95 por ciento fue sustituido por otras tres especies de peces pelágicos, atún aleta amarilla, pejegallo y pez vela.

Sierra: Cambiado por lisa blanca, palometa, chano, mojarra aletas amarillas y burrito corcovado. Suma 89 por ciento de las frecuencias.

Mero: Con un porcentaje de 87 por ciento fue cambiado por pez fuerte, bagre bandera, blanquillo lucio y sardina crinuda.

Huachinango: Los animales por los que fue sustituido en el 54 por ciento de los casos fueron el bagre bandera, lengua y cardenal.

Robalo: Fue intercambiado el 53 por ciento de las veces por corvina boquinaranja, corvina rayada, cobia y conejo amarillo.

Renata Terraz destaca el caso del pez Mero que un 89 por ciento de las casos fue sustituido por Bassa, un producto de importación y de menor calidad que pone en desventaja a la especie nacional y a los pescadores que los crían, y que terminan por malbaratar su producto al no tener otra oportunidad de competencia.

La sustitución de especies no solo se realiza con las especies más comunes. El estudio de Oceana comprueba que también suelen intercambiarse tiburón por peces de agua dulce, además de otros tipos de peces  silvestres. Foto: Marín Zetina, Cuartoscuro.

ALIMENTOS DE LA LISTA ROJA

La sustitución de identidades de pescado y la falta de control sobre su venta obliga a los consumidores a alimentarse con animales que forman parte de la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) sin que estos tengan conocimiento.

Entre las especies identificados con los análisis genéticos se encontraron 13 especies amenazadas, una de ellas en peligro crítico, tres en peligro, al menos ocho vulnerables y ocho más casi amenazadas. En total se encontraron 43 muestras de 21 tipos distintos.

Destacaron dos especies de anguilas, nueve de tiburones (cornuda o matillo común, zorro, sedoso, aleta de cartón, azul, cazón dientón, toro, cagüay y aleta negra) y nueve de peces (marlín azul/negro, boquinete, mero negrillo y mero extraviado, baqueta, huachinango del Golfo, conejo amarillo, cochinito reina y lenguado limpio).

A pesar de que muchos de estos animales son considerados en altas categorías de cuidado, su aprovechamiento en México no representa ilegalidad.

“Tenemos que tener mucho cuidado mucho más cuidado en cómo manejamos y tratamos especies que están a un paso de estar en peligro de extinción. No podemos darnos el lujo de poner en riesgo a esas especies. Si ya existe normatividad internacional que busca su protección, el Estado mexicano debe sumar esfuerzos con este mismo objeto y procurar que no se vendan en las comidas porque muchas de ellas las vendieron diciéndonos que eran otras cosas, así que además de comernos a una especie en riesgo, lo hicimos sin saberlo”, agregó Terraz.

SOYA POR ATÚN

A inicios del mes de marzo, la Profeco evidenció a una decena de marcas que engañan al consumidor mezclando sus productos de atún envasado con soya. La revisión de 57 presentaciones de atún dio como resultado que 18 de ellas contenían porcentajes de la semilla en 1 a 62 por ciento.

El caso más alto de concentraciones de la leguminosa se encontró en el atún aleta amarilla con proteína de soya en agua y aceite de la marca Aurrera, que contiene entre 30 y 62 por ciento de soya. Asimismo, el atún de aleta amarilla en aceite marca El Dorado, que contiene entre 21 y 44 por ciento del grano en su masa drenada.

La famosa marca de atún Dolores también formó parte de la lista con sus productos de atún aleta amarilla en aceite y lomo de atún de aleta amarilla con concentraciones del 1 al 3 por ciento. En el atún Tuny Light se encontraron índices que van del 1 al 4 por ciento en su masa drenada, equivalentes a 100 gramos.

Otras marcas que aparecieron en el listado de Profeco son: Calmex, Great Value, El Dorado, Ke! Precio, Chedraui, Ancla y Precissimo.

LAS RECOMENDACIONES 

La preocupación por el intercambio de alimentos inquieta tanto a los grupos que defienden la fauna marina como a las organizaciones comerciales que buscan una venta libre y sana de los alimentos. En opinión de Cuauhtémoc Rivera, son los vacíos institucionales lo que se “aprovechan” con el objetivo de ganar dinero sin que estos tengan en cuenta el bienestar de las familias mexicanas y su economía.

En este sentido, ambos especialistas concordaron en la necesidad de modificar la ley y las instituciones de vigilancia sobre los productos del mar, porque hasta ahora los controles escasos no solo permiten el intercambio de peces, también abren espacio a la venta del producto en el mercado negro.

Entre las recomendaciones impulsadas por Oceana se encuentran el establecimiento de una Norma Oficial Mexicana que permita comparar nombres científicos de los animales con sus nombres comerciales y que facilite la creación de una política de rastreo de los animales, en donde haya inspección y vigilancia en tierra y en la distribución de productos. Y por último, un mejor etiquetado que permita al consumidor tener certeza de lo que se está consumiendo.

“La crisis de credibilidad del contenido de las latas de atún pone en jaque al etiquetado nutrimental al que están obligadas las compañías, cada vez menos claro y con letra más chiquita. Los productos también viven el fenómeno de regulación en el que hacen creer al consumidor que el cambio de embalaje vuelve a los productos más baratos, sin dejar claro que los contenidos son mucho menores”, comentó Rivera.

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