Avance

Océanos se ahogan; países tropicales, los más afectados

Debido al calentamiento de los mares, bancos de peces comerciales se mudan a zonas más frías

CIUDAD DE MÉXICO.

Los peces, al igual que las personas, también están migrando. A medida que aumenta la temperatura de los océanos, debido al cambio climático, las diversas pesquerías del mundo verán reducir biomasa y productividad.

La evidencia es el movimiento desde zonas tropicales hacia el norte, lo que provoca pérdidas a poblaciones mayormente pesqueras, así como una reducción en el suministro de alimento, de acuerdo con especialistas internacionales en la materia.

Uno de los resultados de la crisis climática es que los grandes stocks de peces para consumo humano tienden a moverse hacia aguas más frías; por ello, los países tropicales experimentan descensos drásticos en las capturas, mientras que las naciones del norte ven incrementar sus pesquerías, explica Sven Biermann, director de la Secretaría Internacional de la Iniciativa de Transparencia Pesquera (FiTI por sus siglas en inglés).

“Esto no es opinión de unos cuantos ni teoría, es ciencia probada y lo constata el informe sobre océanos del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) publicado en septiembre pasado”.

No es el único problema para las pesquerías, también están la sobrepesca, tanto legal como ilegal, y la contaminación por plásticos, que junto con el cambio climático ejercen mayor presión.

Parar la sobrepesca con una visión global, indica Biermann, no sólo permitiría aumentar las poblaciones de especies para el consumo, sino también luchar contra los efectos de la crisis climática.

Sin embargo, desde su perspectiva, hoy se privilegia más el tema de la basura plástica, porque resulta sencillo atacar problemas visibles, menos complejos y así poder ir por los culpables.

Los plásticos, resalta, tienen la atención de los gobiernos, pero han dejado de lado la sobrepesca, una realidad compleja que involucra factores como pescadores, procesos productivos y presiones económicas, entre otros.

El enfoque, dice, no es atacar primero a los plásticos, porque aun cuando se resolviera, la sobrepesca y toda la dinámica comercial presionarían más la sobreexplotación de peces.

Si a nivel global se atiende la sobrepesca, se tendrá mayor capacidad de resiliencia al cambio climático, pues el stock pesquero podrá adaptarse, agrega Rashid Sumaila, director de la Unidad la Unidad de Investigación de Economía Pesquera del Instituto de Océanos y Pesca de la Universidad de la Columbia Británica.

Proyecta que la sobrepesca y la pesca ilegal serán sobrepasadas por la gran amenaza de los plásticos.

“Los gobiernos tienen un enorme reto por afrontar: cambio climático, sobrepesca y basura plástica en los océanos”, dice.

Estos fenómenos, coinciden los especialistas, socavan la biodiversidad y productividad de los océanos.

Además, estos cuerpos de agua, que ocupan dos tercios de la superficie del planeta, prestan un servicio de valor incalculable: regulan el clima y ponen freno de mano al avance del cambio climático.

De ahí que las problemáticas no deben ser tratadas por separado, sino bajo una visión integral.

Impacto

Si las emisiones de gases de efecto invernadero siguen subiendo al ritmo actual, aumentará el impacto del calentamiento de los océanos en las pesquerías del mundo.

Para el profesor Sumaila alcanzar las metas del Acuerdo de París y, sobre todo, hacer eco de las recomendaciones del IPCC de no sobrepasar la elevación promedio de la temperatura de 1.5 grados centígrados, se podría frenar la migración de los peces de los lugares donde más se necesitan.

“Cuando los peces se van lo que sigue es la migración de la gente”.

No sólo eso. Sumaila dice que el reporte del IPCC sobre océanos hace énfasis que en un año el promedio de movimiento de las especies de peces ha sido de 50 kilómetros.

Eso lo lleva a recordar el caso de la macarela del Mar del Norte, uno de los ejemplos más claros de los efectos del cambio climático.

Hace unos años se desató un conflicto diplomático, que estuvo a punto de subir de nivel entre el Reino Unido e Islandia.

La macarela, que es una de las especies de la pesca tradicional británica, se movió hacia las aguas de Islandia.

En una reunión, los representantes de ambos países se enfrascaron en una discusión: “Los ingleses reclamaron por qué los islandeses estaban pescando la macarela, y éstos respondieron que la especie había llegado a sus aguas y por ello no podían dejar pasar la pesca”.

Agrega, los peces poseen la capacidad de moverse, y los que no puedan adaptarse al cambio climático simplemente morirán.

Por su parte, Pedro Zapata, vicepresidente de Oceana México, señala que muchos gobiernos no toman en serio la manera en la que las temporadas de pesca se han movido por el cambio climático y es algo que deberían ver, por una razón muy sencilla: “Los instrumentos de manejo pesquero normalmente no tienen la agilidad ni la adaptabilidad que se necesita para ajustarse al cambio climático”.

Por ejemplo, continúa, si se forma un área protegida para salvaguardar a alguna especie marina, se pone en una ley y así esa especie no podría pescarse, pero quizá ese proceso tome de uno a tres años, y “para cuando finalice y se tenga la regulación, lo más seguro es que ese pez ya migró hacia otra parte por el cambio de la temperatura en el océano”.

Los instrumentos de política pública no se adaptan con la rapidez a una realidad que sí está cambiando año con año.

Resalta que el problema es que las regulaciones se dan cuando ya es muy tarde.

Sven Biermann añade que los impactos en las áreas de pesca es muy claro: “Con el calentamiento de las aguas muchas especies se mueven mar adentro, y eso tiene efectos, como poner en riesgo la vida de los pescadores, sobre todo de aquellos que tienen botes pequeños, como en África, donde antes los pescadores salían cinco kilómetros alejados de la costa y ahora se van hasta 25 kilómetros, lugares en los que hay oleajes altos, furiosos y tormentas, entonces peligran”.

Disyuntiva

Además, se debe pagar más dinero por el combustible para llegar a los nuevos campos pesqueros, lo cual pone en una disyuntiva a los gobiernos: “O dejan que los pescadores pierdan su actividad y sustento porque ya no costea salir más lejos, o destinan subsidios al combustible”, y “como el dinero es escaso, debe tratarse con mucho cuidado”.

Existe evidencia clara sobre la sobrepesca legal e ilegal, y desde hace 20 años se sanciona, pero al sumarse el cambio climático, se creará una crisis pesquera, “lo cual ya nos tiene en riesgo”.

Transparencia en pesquerías

Debido a la inestabilidad del clima y su efecto en las pesquerías del mundo, dos herramientas para lograr una pesca más sustentable son la transparencia y la participación, pues no se puede administrar, cuando no se sabe cuánto hay.

En ese sentido, Sven Biermann, director de la Secretaría Internacional de la FiTI, destaca que la transparencia permite que la gente tenga a la mano la evidencia de lo que pasa y pueda ejercer presión sobre los gobiernos para actuar.

Por supuesto, los gobiernos saben lo que pasa y están conscientes de ello, indica, pero como no sólo tienen una prioridad, sino varias, reaccionan a la presión pública de todos los días, pero no a lo que apunta la ciencia y la sobrepesca.

“A menudo los gobiernos reaccionan cuando las poblaciones o el stock de una especie de peces colapsa”.

El profesor de UBC, Rashid Sumaila, abona que los gobiernos piensan en el corto plazo, lo que está frente a ellos y no en lo que la ciencia dice que ocurrirá.

Recuerda que, en 1992, la pesquería de bacalao colapsó en la costa noratlántica de Canadá y el gobierno tuvo que invertir de un jalón dos mil millones de dólares para reubicar pescadores y compensar las pérdidas, por no tener una visión de largo plazo y, “si una fracción de ese dinero se hubiera invertido unos años atrás para prevenir la sobrepesca, la crisis no hubiera sucedido”.

Eduardo Rolón, director ejecutivo de Causa Natura, destaca que la transparencia ayuda por lo menos a tener un piso mínimo de conversación donde las partes —gobiernos, pescadores-empresas, organizaciones, academia y sociedad— puedan sentarse a la mesa para buscar soluciones.

En cuanto a la opacidad, indica, es un factor que puede poner en riesgo la sustentabilidad de las especies.

Si se tuviera mayor transparencia y un mejor involucramiento de las partes interesadas, como pescadores, organizaciones pesqueras, sociedad civil, agencias de gobierno y academia, se podrían evitar decisiones que sólo atacan un problema momentáneo: “La transparencia ayuda, mientras más información haya, más reglas claras habrá, mejor competencia, mejor regulación, así como poner limitantes”.

Para Biermann, la transparencia y sustentabilidad crean un vínculo muy fácil de comprobar; los gobiernos miran al sector pesquero como una actividad económica y, si ésa es la visión, es más fácil justificar el otorgamiento perpetuo de permisos de pesca sin restricciones.

“En la opacidad no hay nadie que vea cuántos permisos se han dado y cuáles son los actos de autoridad que permiten la sobrepesca legal, entonces no habrá nadie que rinda cuentas por parte del gobierno sobre las decisiones tomadas, lo cual lleva al colapso de las pesquerías”.

Por ello, añade Eduardo Rolón, un sistema de contrapesos hará que se conozca más sobre lo que pasa y si más gente participa, la pesca va a será muy relevante en políticas públicas.

En el caso de México, Pedro Zapata dice que es prioridad hacer que la gente se interese más en los océanos, pues el nivel de negligencia del gobierno es un reflejo del nivel de desdén que los mexicanos tienen sobre sus recursos, en este caso, los mares y la pesca.

“Necesitamos ser más conscientes de la interdependencia que hay entre nuestra vida y el mar”.

Una buena gestión y transparencia de los recursos asegurarán el futuro de los bancos de peces.

Los especialistas coinciden en que los gobiernos no pueden pasar de largo la oportunidad que da la transparencia para instrumentar acciones inmediatas y efectivas contra la sobrepesca, el cambio climático y la contaminación plástica, para garantizar la sustentabilidad de los ecosistemas marinos.

Intensidad

Cada medio grado de temperatura extra significa:

  • 170% más riesgo de inundación.
  • 410 millones de habitantes de ciudades vivirán sequías severas en 2100.
  • En 2100 se perderán todos los arrecifes.
  • 50% sería la reducción de pesca en el Caribe.
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