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Pfizer pide a EU autorización para “uso de emergencia” y si le dan el sí, empieza a vacunar en un mes

Pfizer y BioNTech aseguraron que su vacuna es 95 por ciento efectiva, y que debido a la urgencia que se vive en el mundo, la FDA debe aprobar la aplicación de las pruebas en Estados Unidos. 

Agencias
Estados Unidos/Ciudad de México

 

Pfizer anunció el viernes que ha solicitado a los reguladores en Estados Unidos que autoricen el uso de emergencia de su vacuna contra la COVID-19, con lo que inició un proceso que podría llevar a la aplicación inicial limitada el mes próximo y ayudar a acabar finalmente con la pandemia, pero no antes de que pase un invierno largo y duro.

Esta acción ocurre días después de que Pfizer Inc. y su socio alemán BioNTech anunciaran que su vacuna parece ser 95 por ciento efectiva en la prevención de casos leves y graves de la COVID-19 en un estudio amplio en desarrollo.

Las empresas dijeron que la protección y una buena trayectoria en materia de seguridad deberían permitir la autorización de emergencia, algo que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) puede otorgar antes de las pruebas finales. Además de la solicitud del viernes, ya han iniciado las aplicaciones en Europa y Reino Unido y su intención es presentar próximamente información similar.

 

“Nuestra tarea de presentar una vacuna segura y eficaz nunca ha sido más urgente”, dijo el CEO de Pfizer, Albert Bourla, en un comunicado.

La vacuna de Pfizer es una de las más adelantadas para contener la COVID-19. Foto: Seth Wenig, AP.

Dados los picos alcanzados por el coronavirus en EU y todo el mundo, se presiona a los reguladores para que tomen rápidamente una decisión.

 

“La ayuda viene en camino”, dijo el doctor Anthony Fauci, el principal experto en enfermedades infecciosas de EU, en la víspera del anuncio de Pfizer. Añadió que aún no se deben abandonar las mascarillas y otras medidas protectoras. “En realidad debemos multiplicar las medidas de salud pública mientras esperamos que llegue esa ayuda”.

 

La presentación del viernes pone en marcha una serie de acontecimientos a medida que la FDA y sus asesores independientes debaten si la vacuna está lista. En tal caso, otro organismo del Gobierno deberá decidir cómo se racionan las dosis iniciales en un país que las espera con ansiedad.

Las dosis iniciales serán escasas y racionadas. Habrá unos 25 millones de dosis disponibles en diciembre, 30 millones en enero y 35 millones más en febrero y marzo, según la información presentada esta semana a la National Academy of Medicine (Academia Nacional de Medicina). Los destinatarios deberán recibir dos dosis con tres semanas de diferencia.

La vacuna contra la COVID-19 de la farmacéutica Moderna Inc. también está en camino. Los datos iniciales indican que es tan efectiva como la de Pfizer. Moderna prevé solicitar su propia autorización de emergencia en las próximas semanas.

 

La gente tendrá su primera oportunidad de conocer las pruebas a favor de las vacunas a principios de diciembre en una reunión pública de los asesores científicos de la FDA.

Ayer, Estados Unidos llegó a 11 millones 698 mil 661 casos confirmados de la COVID-19 y 252 mil 419 muertos por la enfermedad, de acuerdo con datos de la Universidad Johns Hopkins.

Sin embargo, los mapas que rastrean nuevas infecciones por coronavirus en EU se bañaron en un mar rojo el viernes por la mañana. Todos los estados mostraban que el virus se propagaba con una velocidad preocupante y los trabajadores de la salud se preparaban para más días difíciles por delante.

 

Un modelo computacional para predecir cómo se propaga la COVID-19 en ciudades de EU sugiere que la mayoría de infecciones ocurre en lugares cerrados y que los patrones de movilidad de las personas ayudan a impulsar mayores tasas de infección. Foto: Lewis Joly, AP

El Proyecto de Seguimiento de COVID-19 de Estados Unidos informó que más de 80 mil personas estaban en el hospital, el número más alto desde que comenzó la pandemia.

 

Funcionarios del condado de El Paso, Texas, buscan contratar a un asistente temporal de la morgue. “Todos los solicitantes deben poder levantar entre 50 y 200 kilos, con ayuda”, decía el aviso de trabajo, según The Texas Tribune. “La asignación no sólo es físicamente agotadora, sino que también puede ser emocionalmente agotadora”, se leía. Ese es el nivel de la tragedia.

A medida que la situación en todo el país se hizo más grave y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades advirtieron a las personas que no viajen y visiten a familiares durante la festividad de Acción de Gracias, el grupo de trabajo sobre el coronavirus de la Casa Blanca apareció en público por primera vez en meses, junto con el Vicepresidente Mike Pence, quien dijo que el país estaba en buena forma. Pero las cifras dicen otra cosa.

MÉXICO, EL 4TO PAÍS EN LLEGAR A LAS CIEN MIL MUERTES

México rebasó el jueves la marca de los 100 mil  fallecimientos por coronavirus, convirtiéndose en apenas el cuarto país del mundo en alcanzar esa cifra, únicamente detrás de Estados Unidos, Brasil y la India.

José Luis Alomía Zegarra, director de epidemiología del país, anunció que México tiene 100 mil 104 fallecimientos confirmados por coronavirus. La marca se alcanzó menos de una semana después de que el Gobierno mexicano informara que se habían rebasado el millón de infecciones registradas, aunque las autoridades coinciden que la cifra probablemente sea mucho más alta debido al bajo número de pruebas diagnósticas que se realizan.

 

Pero los sobrevivientes también han quedado marcados: Además de perder a amigos y familiares, muchos de los pacientes recuperados de COVID-19 en el país aseguran que la psicosis provocada por la pandemia es uno de los efectos más duraderos.

México se ha mostrado como un país dividido, en el que algunas personas se niegan a utilizar mascarillas, mientras que otras están tan asustadas que se encuentran al borde de la paranoia a la menor falta de aliento.

Con un reducido número de análisis de diagnóstico y un temor generalizado a los hospitales, muchos en México recurren a remedios caseros y a ser cuidados por sus familiares. Tal es el caso en el barrio de escasos recursos de Ampliación Magdalena, en el este de la capital mexicana, donde la mayoría de las personas tienen trabajos informales en la central de abastos.

 

México superó los 100 mil decesos por COVID-19. Foto: Graciela López, Cuartoscuro.

Ese enorme mercado fue escena de uno de los primeros brotes en gran escala en la zona metropolitana de la Ciudad de México, con 21 millones de habitantes, por lo que en los primeros meses de la pandemia los cementerios se vieron rebasados por el número de cadáveres.

 

La funeraria local “se parecía a una panadería, todos formaditos, las carrozas todas formadas”, dijo el líder comunitario Daniel Alfredo López González. El propietario de la funeraria le dijo que algunas personas esperaban su turno para embalsamar, y otros para incinerar los cuerpos de sus familiares.

La falta de pruebas — en México únicamente se realizan análisis diagnósticos a personas con síntomas graves, y se han efectuado apenas unas 2.5 millones de pruebas en un país con 130 millones de habitantes —, la falta de hospitales en muchas zonas y el miedo a acudir a los que existen, ha creado un terreno fértil para la ignorancia, la sospecha y el miedo.

El mismo López González enfermó. A pesar de que se recuperó, el miedo fue devastador.

 

“Hay una psicosis tremenda. ¿Por qué? Porque al final de cuentas a veces la enfermedad por sí misma puede no ser tan complicada, pero sí la psique de la persona”, dijo López González. “Es decir, el saber que tú tienes cierta enfermedad te puede matar más que el hecho de tener la enfermedad”.

La trabajadora de salud Dulce María López González — hermana de Daniel Alfredo — cuidó a cuatro de sus familiares que enfermaron de COVID-19, valiéndose de recomendaciones vía telefónica y de los medicamentos que recibió de un doctor que atendía a sus propios familiares.

Su primer encuentro con los efectos psicológicos de la pandemia fueron sus propios temores de que su trabajo como empleada de salud pudiera haberla expuesto al virus.

 

“Me faltaba el aire”, recuerda haber pensado. “También es cuestión psicológica”. Logró tranquilizarse pensando: “Si yo me altero, si yo pienso que voy a morir, que yo ya tengo la enfermedad, pues también me va a atacar a mi corazón porque me lo acelera y puedo provocar yo misma que me pueda dar hasta un infarto”.

Su segundo encuentro giró en torno a la decisión de sus familiares de recuperarse de la enfermedad en casa. Desesperadamente tuvo que encontrar la manera de obtener equipo médico, costoso y escaso.

 

México tiene un millón de contagiados confirmados de COVID-19 y más de cien mil muertes oficiales. Foto: Rebecca Blackwell, AP

“Yo les decía: ‘Es que no puedo, yo sola no puedo’”, contó López González.

La gota que derramó el vaso fue cuando su esposo, quien no enfermó durante la primera ronda de contagios, sufrió un aparente ataque de pánico a bordo de un taxi, pensando que se había infectado y no podía respirar.

 

“Él empezaba a entrar en un esta psicosis de que ya tenía esa enfermedad, y que pues era probable que le pudiera haber dado un infarto”, declaró.

De igual forma, seguían aterrados de acudir a un hospital del Gobierno.

 

“Fue un ciclo así como de terror realmente”, declaró. “Teníamos el miedo de ir a un hospital y escuchar todo, en redes sociales, de que se salían los pacientes, que se escapaban, que los mataban. Entonces era una psicosis enorme”.

Pero López González, cuyo trabajo involucra entregar mascarillas quirúrgicas gratuitas a los residentes, también ha visto el otro lado de la tormenta psicológica: Aquellos a los que no les importa.

 

“Llega el caso de una persona a la que yo misma le entregué el cubrebocas y le comentaba que no tenía por qué andar afuera sin el cubrebocas”, recordó. “Ella me hace el comentario que a ella no, a ella no le va a pasar eso ya. A los 15 días nos enteramos que la persona muere por COVID”.

El Subsecretario de Salud y principal funcionario en el combate a la pandemia, Hugo López-Gatell, se molestó cuando le preguntaron sobre el hecho de que el país rebasó las 100 mil muertes.

Criticó a los medios de comunicación por ser alarmistas y enfocarse en la cifra, de la misma manera en que ha criticado a los que insinúan que el Gobierno no informa cifras reales, a los que cuestionan la baja tasa de pruebas diagnósticas en el país o las recomendaciones gubernamentales contradictorias sobre el uso de mascarillas.

 

“La epidemia es terrible en sí, no hay que agregarle dramatismo”, dijo López-Gatell, insinuando que algunos medios se enfocan en el número de fallecimientos para vender periódicos o desatar una “confrontación política”.

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