Avance

Ponen de su bolsa para huir del virus

Patricia Coria y su esposo tuvieron que conseguir 55 mil pesos para comprar boletos de avión. Querían que su hijo y su novia salieran de China

CIUDAD DE MÉXICO.

Patricia Coria caminaba impaciente por los pasillos de la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), acompañada de su esposo e hija, la llegada de su hijo Elías Alejandro Albarrán Coria, estudiante de medicina que, junto con su novia, Karen Nayeli Sariñana Rea, se fueron a estudiar chino meses atrás.

A las 13:35 horas, el tablero de los vuelos, parpadeo el arribo del avión procedente de Narita, Japón, que traía a diversos estudiantes que se encontraban en China, y decidieron salir para evitar ser contagiados por el coronavirus; uno de esos estudiantes era su hijo.

En cuanto lo vio sintió alivio tras la grave situación que se vive en diversas provincias de China por las muertes generadas por coronavirus.

El saber que mi hijo estuviera hospitalizado y solo, que no hubiera quién lo cuidara me producía ansiedad, además de desesperación económica, mental y emocional”.

Patricia narró que no recibió ningún tipo de apoyo gubernamental para traer a su hijo.

 

 

Señala que la SRE sólo le proporcionó el número telefónico de la embajada de México en China, donde se le recomendó el cambio de boleto de avión que tenían programados los dos jóvenes para el 13 de febrero.

En tres ocasiones tuvo que realizar los cambios en las fechas ante el cierre de los aeropuertos de las ciudades chinas, por lo que gastaron cerca de 55 mil pesos, dinero que tuvieron que conseguir ella y su esposo, dejándolos con lo necesario para vivir al día, además de que la madre Patricia se encuentra enferma.

Durante dos meses Alejandro vivió y estudio chino en la provincia de Suzhou. El estudiante de medicina se enteró del brote del coronavirus, lo que lo alarmó, sobre todo, en el tema de la comida.

Todas las tiendas cerraron, las plazas, los lugares para comer y pues te da miedo comer en cualquier lugar, pues la comida debe estar bien cocida y allá en China no sabes ni siquiera qué estás comiendo”.

Por su parte, Karen Nayeli, estudiante de sicología y estudiaba en Changa el idioma, dijo que conforme se expandía el virus, la angustia se apodero de ella, al grado de comenzar a sufrir ataques de ansiedad por la suspensión de vuelos.

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