Salud

Por qué hay gente que se opone a medidas que han demostrado salvar vidas

Agencias
 

Se sabe que usar cinturón de seguridad o tapabocas ayuda a salvar vidas. Entonces, ¿por qué alguna gente se niega a usarlos o incluso protesta contra las leyes que los vuelven obligatorios?

“Yo sencillamente los odio”, dice una mujer cuando le preguntan por qué se niega a usar uno. “Creo que los odio porque uno tiene que usarlos, es como que ‘tienes que ponértelo’, por eso no lo quiero”.

“Creo que, sin importar si eres hombre o mujer, es una tema de dominancia”, contesta un hombre que está a su lado. “Yo estoy a cargo y tú no me dices qué tengo que hacer”.

 

Este es el tipo de razonamiento que puedes esperar de manifestantes que se niegan a usar mascarilla cuando están en un espacio público durante la pandemia.

Su objeción no tiene que ver solo con la comodidad o con el escepticismo acerca de que puedan salvar vidas. Es también un resentimiento porque las autoridades les dicen qué tienen que hacer.

 

Salvo que estos entrevistados no estaban molestos por las leyes que obligan el uso de mascarillas en en muchos países.

Estaban hablando de los cinturones de seguridad. Eran conductores británicos que admitieron no usar cinturón de seguridad en el auto en 2008, a pesar de que es un requisito legal utilizarlo en los asiento delanteros desde 1983 y en el asiento trasero desde 1991.

 

Comparación popular

 

La comparación entre las protestas por las mascarillas y los cinturones de seguridad es popular.

Famosos las utilizaron para demostrar que siempre existieron personas que se oponen.

El proceso para implementar el uso de cinturones de seguridad en el carro fue largo y complejo.

Los medios las han empleado en un intento por explicar el origen de las protestas contra una medida que podría ayudar a controlar la propagación de la pandemia.

Pero la introducción de las leyes para los cinturones de seguridad fueron menos directas que los requisitos para usar las mascarillas. Fue un proceso complicado y lento.

Pero hay mucho que podemos aprender de la implementación de las leyes para los cinturones y otras intervenciones de salud públicas.

¿Por qué, por ejemplo, parece haber diferencias en la adopción de las reglas en distintos países?

¿Y por qué alguna gente está dispuesta a desafiar una medida sanitaria que seguramente salvará vidas?

 

Comienzo incierto

Mientras que la evidencia sobre los cinturones de seguridad es innegable, hubo un tiempo en que su implementación se veía incierta.

Fabricantes de autos, compañías de seguros, legisladores, políticos y conductores, todos ellos tenían sus propios intereses en estas leyes.

El debate entre la gente a favor y en contra de los cinturones de seguridad tenía poco que ver con el tema de la seguridad.

 

Para los fabricantes, el problema era el costo. En ese momento, esperaban que los cinturones se hicieran obligatorios porque era mucho más barato que colocar bolsas de aire (o airbags), la otra tecnología por la que algunos hacían campaña.

Los motoristas estaban más interesados en la comodidad. Un sondeo encontró que el 86% de los estadounidense reconocía que los cinturones de seguridad salvaban vidas, mientras que solo el 41% de ellos los usaba.

 

Otros sondeos mostraron que el porcentaje era aún más bajo en otros países. Mientras que el 65% de los estadounidenses estaban en contra de que fueran obligatorios por razones de comodidad.

Las aseguradores preferían los airbags a los cinturones. El beneficio de los primeros es que son “pasivos”, están allí para salvar tu vida cuando haga falta.

 

Las aseguradoras preferían los airbags a los cinturones.

 

Si un auto viene con un airbag, generalmente el conductor no tiene opción de usarlo o no, lo cual reduce las heridas y muertes por accidentes, y por ende los gastos de las aseguradoras.

La policía estaba en contra de tener que parar a los conductores para hacer cumplir la ley.

Así que el bloque procinturón de seguridad se enfrentó al bloque proairbag. Pero el debate no solía centrarse en cuál salvaba más vidas.

 

Diferencias en un mismo país

 

Nueva York fue el primer estado en EE.UU. en introducir una ley que requería el uso de cinturón de seguridad en los asientos de adelante el 1º de enero de 1985, unos pocos años después que Reino Unido, Canadá, Francia y Alemania.

Pero la ley demoró años en introducirse de forma completa. En algunos países, la brecha entre la introducción de la ley para los asientos de delante y para los de atrás fue de décadas.

Las leyes fueron aprobadas en ciertos países y estados antes que en otros. El estado de New Hampshire, en EE.UU., por ejemplo, no la tiene.

En algunos países la brecha entre la aprobación del cinturón para el asiento de atrás y de adelante fue de varias décadas.

 

Lo mismo ocurrió con otras intervenciones de salud pública como con las leyes sobre el uso de casco en la moto. En EE.UU., hay tres estados (Illinois, Iowa y New Hampshire) donde no existen.

 

Contexto cultural

 

Las protestas contra las leyes sobre los cinturones de seguridad no significaron que los estadounidenses, en general, las ignoraron, aunque en principio las objetaron.

Datos recogidos por oficiales federales en Nueva York mostraron que, dos meses más tarde, el 70% de los motoristas cumplía con la ley.

En Reino Unido, cerca del 90% lo hacía después de un tiempo similar. En otros países hubo menos protestas, pero el cumplimiento de la ley fue mucho más bajo.

 

Hacia fines de los años 80, Serbia (en ese entonces Yugoslavia) tenía uno de los índices de muertes en carretera más altos de Europa.

Al igual que en EE.UU., el cinturón de seguridad se volvió obligatorio en Yugoslavia en 1985, con una multa de cerca de US$200 por no usarlo, y la ley se hacía cumplir de forma estricta. Pero los yugoslavos rara vez lo usaban.

 

Pese a que hay oposición de algunos grupos, la mayoría se pone el tapabocas.

 

Lo que queda claro es que la dimensión de las protestas y las apelaciones legales no son equivalentes al nivel de adopción de la nueva regulación. Se trata de otra cosa.

Según estudios de la época, lo que solían hacer los conductores y pasajeros en Yugoslavia, era cruzarse el cinturón por encima del cuerpo sin abrochárselo. Si bien así evitaban las multas, no los estaban usando para lo que estaban diseñados.

Si no tenían la intención de usarlos correctamente, ¿para qué ir a los tribunales? Y no había restricciones a sus libertades personales si lo usaban de forma incorrecta.

Si bien los tribunales se utilizaron ampliamente en Yugoslavia, eran usados para beneficio personal y no en busca de beneficio político. En EE.UU., todo lo contrario. Desafiar a una multa en la corte hubiera sido mucho más caro que pagar una multa modesta, y de todos modos, menos gente recibía multas.

Esta es quizás la lección más útil que podemos sacar de comparar la adopción de las leyes de los cinturones de seguridad con las del uso de mascarillas: la dimensión de la protesta es inmaterial, y probablemente está influenciada por cuánto la gente en un país respeta la autoridad y los procesos legales.

 

Cuestión de tiempo

 

Lo que importa más es es si la gente sigue las normas y cuán efectivos son al hacerlo.

Al parecer, mucha gente sigue los lineamientos sobre las mascarillas. En EE.UU., cerca del 59% de la gente las usa. Un porcentaje levemente más alto en Alemania y más bajo en Francia (en Reino Unido el 19%).

Con el tiempo, cada vez son más las personas que cumplen con la normativa.

 

Sin embargo, no todos las usan correctamente. Un estudio que observó a 12.000 personas en la región de Sao Paulo, en Brasil, encontró que cerca del 30% de la gente las usa de forma incorrecta, exponiendo la nariz o la boca y la nariz (el estudio aún no fue publicado en una revista académica).

Las intervenciones de salud pública, como la introducción del uso de tapabocas toma tiempo. El mensaje y el marco legal que permite que las leyes se hagan cumplir tiene que ser el correcto. Pero el tiempo forzará a la gente a cumplir con la normativa.

Hoy en día, cerca de tres cuartos de los conductores usan el cinturón de seguridad en la Serbia actual, mucho más que hace 35 años.

 

Como ocurre con los tapabocas, alguna gente todavía no lo hace bien (solo el 10% de los pasajeros de los asientos de atrás lo usa de forma correcta), pero el gobierno de Serbia continúa haciendo campaña para que se use.

A pesar de las protestas de una minoría vocal, las actitudes hacia las mascarillas faciales están cambiando a medida que la evidencia muestra que las intervenciones harán una diferencia y, con el tiempo, su uso seguirá en aumento tal como ocurrió con los cinturones de seguridad.

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