Nacional

Retrato de una extradición borrosa; Ovidio Guzmán

Las versiones sobre la detención y posterior liberación del hijo de El Chapo, aunque contradictorias, indican que el gobierno de México no contaba con una orden de aprehensión

CIUDAD DE MÉXICO.

Desde hace más de dos semanas, la opinión pública ha estado confundida con la información oficial y la extraoficial sobre la presunta captura y posterior liberación de Ovidio Guzmán, hijo del famoso capo Joaquín Guzmán Loera, conocido por sus amigos como El Chapo.

Entre el maremágnum se ha dicho que se trató de un error táctico. No me queda claro si la naturaleza de ese error fue jurídica, de seguridad pública o de seguridad nacional. Pero, cuando la información no es clara ni precisa, además se confunde con lo que cada uno de nosotros agregamos de nuestra propia cosecha a partir de lo que la imaginación y la suposición nos induce para colmar el vacío.

Yo no sabría dilucidar en qué pudo consistir un error táctico de seguridad pública o nacional porque no es el campo de mi especialidad. Pero como lo jurídico sí es mi campo, allí la imaginación me da mucho para suponer y para imaginar.

Este es un mero intento por tratar de explicar una extradición, la cual es uno de los procedimientos más complejos del sistema jurídico, así como por premonizar las diversas hipótesis que pudieran darse en el caso concreto que abordaré.

La extradición es un procedimiento legal en virtud del cual una persona es entregada, por el país donde se encuentra, a otro país donde se le pretende juzgar por delito cometido. En el caso que nos ocupa, se rige por las leyes de ambos países y, muy especialmente, por el Tratado de Extradición que tienen celebrado desde 1978 y en vigor desde 1980.

La extradición siempre es compleja e impredecible. La aplicación de sus reglas sigue siendo muy caprichosa en los dos países y en todo el mundo. Es posible que México y los Estados Unidos sean la pareja de países que se han surtido el mayor número de extradiciones y, en estos 40 años, tan sólo llegan a alrededor de 250 casos, en ambos sentidos. Esto es unas seis por año.

Qué no decir de las naciones donde la extradición ha sido un evento insólito e histórico. Por eso casi no hay expertos en los gobiernos. Los expertos están en la academia, pero éstos, por el contrario, no han visto la aplicación práctica, la cual casi siempre contradice a la estipulación de la ley.

Por eso debemos tomar con mucha reserva todas las declaraciones y predicciones de los gobernantes, de sus asesores, de los curiosos, de los entrometidos y hasta de nosotros, los analistas. Lo único seguro en materia de extradición es que no hay nada seguro. Por eso me permitiré brindar al amable lector las hipótesis que considero más factibles, aclarando que ninguna llega a axioma. A los jugadores bien les serviría este ejercicio para formular apuestas. Quizá hasta pudieran incluirse en los momios de las empresas del juego. Paso a nuestro asunto.

La ruta crítica de la extradición

El día de los sucesos, un comando oficial realizó un operativo para detener a Ovidio Guzmán, presuntamente requerido por los Estados Unidos para su extradición. Sin embargo, unos minutos después fue liberado. Algunas versiones dicen que “a la mala”, por la acción de sus grupos secuaces que se lo arrebataron a las fuerzas de la ley. Otras versiones, por el contrario, apuntan que fue liberado “a la buena”, dado que el gobierno no contaba con el suficiente soporte legal para efectuar esa privación de libertad.

Estas dos versiones, aunque contradictorias, nos inducen a pensar en que hubo o una fuerza ilegal que triunfó o una fuerza gubernamental que rectificó en su actuación ilícita.

A su vez, el secretario Alfonso Durazo, funcionario inteligente y capacitado, introduce el concepto de “error táctico” y, como valoro sus palabras, me obligué a formular mi propia imaginación, la cual para poder explicarla al lector me obliga a argumentar previamente la ruta crítica de una extradición.

En los términos de los tratados, el procedimiento de extradición se inicia con la solicitud que un país le formula al otro. Esta se llama Solicitud de Detención Provisional con Fines de Extradición. El gobierno requerido no tiene límite de tiempo para actuar, pero tampoco requiere de orden de aprehensión, toda vez que no es él quien está acusando, sino el gobierno extranjero. Cuando se materialice la detención del requerido empiezan a correr 60 días para que el gobierno requirente formalice su solicitud. Esto quiere decir, para aportar las razones jurídicas que tiene para someter al sujeto requerido a un proceso penal y para, en su caso, imponerle una pena de prisión.

Una vez formalizada esta solicitud, se inicia propiamente el proceso de extradición. En éste no se analiza si el individuo es culpable o inocente de los delitos por los que se le pretende juzgar, sino tan sólo si el gobierno que lo requiere tiene facultades para hacerlo, si los delitos en cuestión son de los que permiten la extradición y si no existen motivos de impedimentos.

Aquí me detengo. Los principales motivos de impedimento son tres. El primero es que se trate de delitos políticos. Estos son traición a la patria, espionaje, sedición, motín, rebelión, terrorismo, sabotaje y conspiración. Ninguno de estos tiene que ver con Ovidio Guzmán y, por lo tanto, no le favorecería este impedimento.

El segundo es que no se le fuera a juzgar por delitos distintos de aquellos por los que se solicitó la extradición. En pocas palabras, que una vez extraditado no le carguen más cosas. Esto se llama “principio o regla de especialidad”.

El tercero es que no se le fuera a juzgar por lo mismo por lo que ya hubiere sido juzgado en uno o en otro país. Esto se llama “principio de no doble enjuiciabilidad”.

El procedimiento de extradición tiene una duración muy variable. Algunos han durado dos semanas y otros hasta dos años. Termina con una sentencia que puede ser en tres sentidos diversos: concediendo la extradición inmediata, concediendo la extradición diferida o negando la extradición. Por la primera se realiza de inmediato la entrega y el traslado. Por la segunda se realizan hasta que se cumpla alguna condición en aquel país, que puede ser un proceso o una sentencia. Por la tercera, el requerido queda en inmediata libertad.

De todas las conjeturas que me abordaron si este fuera el caso de un error táctico jurídico sería que la autoridad mexicana hubiere actuado sin solicitud norteamericana, lo que me parece improbable. Otra más es que, como en los casos de orden de aprehensión, lo hubieran querido poner a disposición de un juez, que éste les hubiera informado que no era su materia en este momento, que lo hubieran reportado a la superioridad y que ésta hubiera ordenado la reversa. No sé si sería factible una pifia así, que nunca la he visto.

*Presidente de la Academia Nacional de México

POSIBLES ESCENARIOS:

Circunstancias más factibles que pueden acontecer en la vida futura de Ovidio Guzmán, luego del operativo del 17 de octubre.

  • Hipótesis #1.

Ovidio feliz

La justicia mexicana no aprende al requerido y decide sepultar el tema ante el escándalo generado. El requerido permanecería en México o migraría a otro país, hasta que los Estados Unidos reformularan su solicitud de detención. O, vender su alma al diablo en forma de delaciones y testimonios para obtener las necesarias protecciones e inmunidades.

  • Hipótesis #2.

Ovidio nada más contento

La justicia mexicana no actúa por el momento, pero lo hace con éxito en mejor ocasión. Lo remite a los Estados Unidos y allá algo arregla, también vendiendo su alma.

  • Hipótesis #3.

Ovidio molesto

La justicia norteamericana lo juzga de verdad y le impone una sentencia correspondiente con el tamaño de sus delitos, pero no le toca sus bienes materiales.

  • Hipótesis #4.

Ovidio enojado

La justicia norteamericana le da con todo. Lo procesa formalmente, lo sentencia severamente y agrede a su patrimonio.

  • Hipótesis #5.

Ovidio pobre

El factor dinero juega un papel importante en estos asuntos. Los gobiernos son beneficiarios de los dineros mal habidos de los delincuentes. Por eso, en ocasiones se genera un incentivo para procesar a quienes se les puede incautar una cantidad importante. Esto ya es historia recorrida.

Las reglas son más o menos así. Si un país coopera con el otro para la investigación o para el procesamiento le corresponde algo así como la tercera parte de los dineros. Pero si realiza todo el proceso le corresponde desde las otras dos terceras partes hasta el total del aseguramiento y decomiso.

LAS EXPECTATIVAS

La extradición sigue siendo al derecho lo que la neurocirugía es a la medicina. Un tema complicado, delicado y, en mucho, impredecible. Sus reglas casi no son reglas. La presión política sobre los tribunales es enorme. Los datos casi siempre son escasos. El juez tiene muy amplias libertades. Y, para terminar, algo que dejé para el final. Es uno de los que llamamos procedimientos de soberanía. Ya podrá decir el juez que se concede la extradición que no se entregará al reo si no lo quiere el gobierno nacional y nada ni nadie podrá alegarle algo. Por eso, los interesados en el tema, hagan sus apuestas. Y los mirones, como siempre, somos de palo.

Orden de aprehensión 

La semana pasada, durante su comparecencia en el Congreso, Alfonso Durazo, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, reveló que Ovidio Guzmán no cuenta con una orden de aprehensión, aunque sí aclaró que desde el 25 de septiembre tiene una orden de detención con fines exclusivos de extradición, “lo que significa que los delitos por los que se le acusa han sido cometidos en otro país y no en México”.

Orden de cateo

En el sistema de justicia mexicano, la obtención de una orden de cateo, solicitada por la Fiscalía General de la República a un juez federal, es esencial para concretar legalmente la detención de una persona a la que se está buscando y sobre la quien se tiene evidencia de que se encuentra en tal o cual domicilio. Sin la orden, la detención carecería de legalidad y un juez de control se vería obligado a liberar al supuesto delincuente.

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