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Viajar en familia: La sabiduría de gastar en experiencias y no en cosas

Según un estudio de la Universidad de Toronto, experiencias como los viajes crean mayores conexiones interpersonales, y resultan más enriquecedoras que cualquier regalo material

Por Agencias

CIUDAD DE MÉXICO.

¿Cuántas veces te has cuestionado si el hecho de salir de vacaciones en familia es más bien un trabajo para ti?, ¿si la organización te agobia más de lo que te ilusiona?, ¿si la idea de gastar de más te rebasa?

Pensar en hacer maleta para todos; pensar en el trayecto (botiquín, entretenimiento, infinidad de snacks y recursos varios para salvarte del berrinche durante el vuelo o la carretera); en los libros que te vas a llevar a pasear porque ¿qué crees? no vas a tener tiempo para leerlos; pensar en horarios desfasados, en posibles enfermedades, en tu economía, en el regreso, en el reajuste a la cotidianidad. ¿Será que mejor te inventas un par de actividades para vacacionar en tu ciudad? ¿Será que dejas a los niños bien cuidados y te vas a la aventura en pareja?

Sal de ese vaso de agua en el que pareces estar ahogándote y respira de nuevo. Vacacionar en familia debe ser una misión y un deleite, una oportunidad para que tus hijos exploren el mundo (por más cerquita que vayan) y para que se conozcan mejor a ellos mismos (por más pequeños que estén); una oportunidad para ti de verlos disfrutar y de reforzar los lazos que los unen desde que los concebiste. Aquí te decimos por qué.

Una familia se toma una selfie a la orilla del mar; al fondo se observa una pequeña embarcación

 

Viajar mejora en un niño la manera en que se relaciona y provee una sensación de felicidad prolongada

Partamos de que, según un estudio de la Universidad de Toronto, experiencias como los viajes crean mayores y mejores conexiones interpersonales, y resultan mucho más enriquecedoras que cualquier regalo material. La doctora Cindy Chan, quien lideró el estudio, dice que si tu propósito es darle algo a alguien para que se sienta más cerquita de ti, no lo pienses dos veces y te vayas siempre por regalar una experiencia.

El tiempo fuera en familia nos acerca de maneras increíbles a nuestros hijos y nos mantiene vibrando alto, sintiéndonos positivos y alegres, incluso después de que el viaje ha terminado.

Es un gran antídoto para los momentos difíciles

Cierra los ojos durante un momento y recuérdate de niña en algún viaje con tus papás. Probablemente sea un ejercicio grato, sencillo y cálido. Según John McDonald, Director Ejecutivo de Family Holiday Association en el Reino Unido, las vacaciones familiares pueden actuar como un “ancla de la felicidad”. Esto quiere decir que cuando una familia se enfrenta a tiempos difíciles, reflexionar sobre los recuerdos de tiempos felices puede ser una herramienta muy poderosa para seguir adelante y abordar las dificultades desde otra perspectiva.

Actúa como potenciador de inteligencia 

Salir de casa no solo es divertido: está comprobado que, además, puede contribuir a su desarrollo. En palabras de la doctora Margot Sunderland, psicoterapeuta infantil y Directora de Educación y Capacitación del Centro para la Salud Mental Infantil, “un entorno enriquecido ofrece nuevas experiencias que promueven la interacción social, física, cognitiva y sensorial de los niños”. El resumen: construir un castillo en la arena resulta infinitamente más beneficioso que jugar con una tablet.

Peronas se toman una selfie bajo una enorme rueda de la fortuna en Londres

 

Promueve el cero estrés

Cuando tus hijos se enfrentan a nuevos ambientes y se sorprenden constantemente, generan oxitocina y dopamina, los neurotransmisores responsables del placer y la felicidad. Es durante las vacaciones que nuestro cerebro tiene la certeza de que todo está bien en el mundo. El estrés se reduce, la calidez aumenta y el cuerpo se recarga. ¿Qué más se puede pedir?

El chiste está en ver el vaso medio lleno, no medio vacío

Sí, es cierto que si sales con niños deberás renunciar a algunos placeres propios de las escapadas con tus amigas o con tu esposo –como sucede con todo desde el momento en que decidiste hacerte responsable de una nueva personita en la Tierra–, pero ya habrá tiempo para regalarte ese viaje dedicado cien por ciento a ti (el balance existe, recuérdalo).

Cambia el chip: el propósito no es irte al otro lado del mundo ni gastar todos tus ahorros. Organízate con la eficiencia que sabes que tienes, arma un recorrido cómodo –donde no termines esclavizándote gratuitamente– de acuerdo a tus posibilidades y goza hasta el cansancio al contemplar a tus hijos siendo felices en un lugar nuevo. En menos de lo que crees, estarán planeando sus propios viajes y tú no serás parte de la ecuación… Aprovéchalos ahora que puedes.

 

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