Local

Villa de Las Esperanzas, durante la Revolución Mexicana.

VILLAS DE LAS ESPERANZAS, COAH.- Desde el inicio del movimiento revolucionario hubo mineros y funcionarios de las oficinas que partieron a la lucha. Algunos ingresaron al Ejército Federal. Una gran mayoría se unieron a las fuerzas revolucionarias, primero a la Revolución Maderista y posteriormente al Ejército Constitucionalista.

Luis Alberto Guajardo Elizondo y Cruz Maltos Castañeda, muzquences y reconocidos militares ambos, invitaron a los mineros a cambiar pica y pala por carabinas. En las tardes, hasta bien entrada la noche, los mineros se reunían en Conquista para recibir a Cruz Maltos quien les traía noticias y los alentaba a participar. En la tienda de Julián Venecia se llevaban a cabo tales reuniones.

Cuando llegaron a pasar los ejércitos por Las Esperanzas, por instrucciones del ingeniero Edwin Ludlow, Gerente General de la Mexican Coal and Coke Company, en los talleres se les hacían las reparaciones de cañones y demás mantenimiento que necesitaban armas, arreos y piezas de carretas y se les proporcionaba pastura para los caballos en los corrales de la compañía. Las solicitudes de carbón para las locomotoras nunca fue problema, siempre les fue proporcionado.

Ludlow manejó con diplomacia el trato con los diferentes bandos, durante aquellos años de lucha. Generalmente el carbón les era vendido, prestado o con la promesa de pago posterior.

Edwin Ludlow dejó el cargo en 1911 para regresar a EUA y lo sustituyó A. J. Ruckman. Sin embargo, no siguieron igual las cosas.

El 2 de abril de 1914, fuerzas revolucionarias que dijeron ser parte del ejército constitucionalista entraron y en un santiamén saquearon la población de Las Esperanzas. Al tener noticias de la llegada de aquel grupo revolucionario, A. J. Ruckman, Gerente General de la Mexican Coal and Coke Company, que se encontraba en esos momentos en la Oficina de Pagos, fue a refugiarse en su vivienda, ubicada al lado norte del parque recreativo o plaza principal, donde después fue hospital y hoy está la Coordinación Municipal.

Mientras tanto, la soldadesca asaltó la tienda de raya del Tiro 1, el banco, la oficina de correos y la estación ferroviaria, dirigiéndose después a buscar a Ruckman, quien en un acto de valentía salió a enfrentarlos; los soldados, molestos por la actitud del gerente, lo hicieron cruzar la plaza, llevándolo calle abajo apuntándole con el cañón de varios fusiles en su espalda; atravesaron el parque, continuaron por la calle del Juzgado Auxiliar Municipal, a un costado del Teatro Juárez y siguieron al sur, por la llamada Calle de los Árabes; así, a punta de rifle, le ordenaron exclamar: “¡Viva Carranza!”, a lo que Ruckman, muy sereno y corriendo más que caminando, se negó, exclamando que su ciudadanía norteamericana le dictaba no tomar lado político.

Al contar ya con el preciado botín robado, los soldados decidieron dejarlo allí, en medio de la calle, y Ruckman, más molesto que asustado, fue de regresó a casa, acomodándose la camisa y el saco. Afortunadamente Ruckman no perdió la vida en esos instantes. El jefe de aquella tropa había ordenado que lo dejaran, pues había mostrado valentía.

Tras confiscar una gran cantidad de provisiones, los soldados que siempre dijeron ser carrancistas, huyeron a caballo hacia las lomas de Los Pinos. Jamás volvieron a verse en estos lugares.

Mostrar mas

Noticias relacionadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top button