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Angélica, conductora de Uber, se enfrenta a calles vacías por COVID-19; “saqué 120 pesos en 2 viajes”, dice

Para Angélica la situación que atraviesa el país y el estado no parece un invento del Gobierno, como muchos dicen para justificar su desacato a las medidas de “sana distancia”. Todo afuera de su vehículo luce vacío, y en la parte trasera del auto ha visto a menos gente con el paso de las semanas.

 
Agencias

Puebla

 

En el último mes y medio, ser socio conductor de Uber, lo que antes dejaba un sueldo muy por arriba del salario mínimo, se convirtió en uno de los trabajos menos redituables en Puebla, o al menos eso le ha ocurrido a Angélica.

Desde que la pandemia del coronavirus se esparció por todas las regiones del estado, siendo la capital el mayor foco de contagio, Angélica ha pasado más horas dentro de su casa que en el interior de su automóvil.

Hace dos años decidió, junto con su familia, unirse a la plataforma de servicio de taxi ejecutivo Uber y así conseguir unos recursos extras para su hogar; desde ese momento ha hecho más de 2 mil 500 viajes en la zona metropolitana de Puebla.

 

Ella pasa las mañanas en su hogar por la zona de Bosques de San Sebastián, junto a sus hijas y su esposo, mantiene el auto preparado para cuando un usuario pida un viaje, si corre con suerte alrededor de las 12 del día alguien pide su servicio, solo entonces es cuando se vuelve a sentar en tras el volante.

Pero su suerte se acaba cuando deja al primer cliente, pues pasan una, dos, hasta tres horas para conseguir un segundo cliente, y tras ese viaje, si su suerte regresa, dos viajes más le esperarán en lo que resta del día, pero nada más.

Ese tiempo que pasa manejando se traduce a ingresos y pérdidas: de los ocho a 12 viajes diarios que hacía, ahora solo logra entre dos a cuatro, con menos de 150 pesos de ingresos, mismos que se van en la gasolina que ocupa para el vehículo.

 

Apenas este lunes solo conseguí sacar 120 pesos en dos viajes, toda la tarde estuvo tranquila y mejor me regresé a casa con mi familia, ayer (miércoles) solo junté como 150 pesos, y eso fue mucho, pero uno tiene que echarle a la gasolina y ahí se va todo”.

Para Angélica la situación que atraviesa el país y el estado no parece un invento del Gobierno, como muchos dicen para justificar su desacato a las medidas de “sana distancia”. Todo afuera de su vehículo luce vacío, y en la parte trasera del auto ha visto a menos gente con el paso de las semanas.

 

Todos los días escucha en el estéreo de su vehículo las cifras de contagios y fallecimientos en el estado a causa del COVID-19 ―306 y 44 respectivamente― por lo que la presencia del virus no le parece un invento.

México suma más de seis mil contagios en todo el país. Foto: Cuartoscuro.

Pero por su ventana aún alcanza a ver a vendedores ambulantes en los cruceros que desafían lo que autoridades dicen sobre está pandemia, aunque después recuerda que hace unos días el Gobierno prometió que logrará que todos se retiren a sus casas.

Sin embargo, a medida que los clientes han disminuido para ella y sus compañeros de aplicación, los riesgos han incrementado a mayor medida. Además de protegerse de algún posible contagio, ellos se cuidan de los asaltos que han incrementado para los conductores de este servicio.

La semana pasada hubo tres asaltos a compañeros, y está semana ya van cuatro, parece que al no haber gente en las calles ya no saben a quién asaltar. En lugar de que se queden en sus casas ven nada más a quien robar”.

 

Hoy, Angélica, al igual que muchos de sus compañeros que se arriesgaron a comprar un auto con agencia para sumarse como socios conductores de Uber, está en un dilema, pues con ingresos mínimos el pago de la mensualidad del auto está más que complicado.

Aunque los bancos ya ofrecieron apoyos para diferir los pagos de las mensualidades hasta dentro de cuatro meses, Angélica no ve viable acudir a esta medida.

–Estamos viendo si podemos meter el auto al banco, pero si lo hacemos pues finalmente te sube (la mensualidad), ese es el costo.

 

—¿Pero sería eso preferible a seguir con la agencia?

—No, porque finalmente todo crédito está subiendo, más a los intereses del capital a pagar. Estamos viendo porque tampoco se nos hace muy buena la idea, porque con también estamos pagando la casa por Infonavit pues nos ahorcamos.

Y aunque Angélica podría arriesgarse a recibir la ayuda de los bancos, la situación en su casa no se lo permite, pues con los pocos recursos que consigue del Uber y el reciente despido de su hija de la proveedora de parque Finsa, su marido es el único que puede mantener los ingresos en casa como para endeudarse a largo plazo.

 

“Esto nos vino a pegar a todos, a los de los hoteles, a los restaurantes del centro, a las escuelas, todo estamos siendo afectados por el paro, y quién sabe cómo vamos a recuperarnos de esto, va a pasar mucho tiempo”.

Así, lo que comenzó como un trabajo prometedor en la plataforma digital de Uber para conseguir ingresos libres se convirtió en tan solo cuatro semanas en solamente pérdidas diarias.

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