Opinión

Escritura en evolución

Algo que vale la pena leer

 

 

ALBERTO BOARDMAN

 

“El Internet ha acabado con la gramática, ha liquidado la gramática. De modo que vivimos una especie de barbarie sintáctica”. Vargas Llosa

Durante la década de los noventa, el auge de los teléfonos celulares transformó velozmente la comunicación de manera radical. Esta revolución afectó por supuesto, la comunicación epistolar realizada a través de cartas o telegramas. Este impase, tuvo vigencia durante un período muy sucinto, ya que con la llegada del Internet, el uso del correo electrónico modificó de nuevo los patrones de interacción y regresamos de nuevo al uso de la palabra escrita. Intercambio de mensajes que terminaría por acentuarse con la evolución propiciada luego por las redes sociales, messenger o WhatsApp. 

En la actualidad nos enfrentamos a un polémico debate entre la diferencia de simplemente escribir, o bien, escribir y hacerlo correctamente. Y es en este terreno que se acentúa la actual evolución del idioma. El cambio de letras, abreviaturas, jugar con el uso de mayúsculas y minúsculas, símbolos y hasta “emoticones”, forman parte de un nuevo estilo de comunicarnos.

Para la era digital, el debate se concentra en respetar la evolución, o la defensa a ultranza de la regla. Los defensores argumentan una riqueza del idioma compuesto por más de 283,000 palabras, universo que por lógica incentiva la pregunta ¿Es necesario entonces evolucionar abreviando, si tenemos una palabra específica para cada elemento que queremos mencionar?

El español es dueño de belleza y vastedad. Al final, quien domina el lenguaje en su sentido ecuménico, con su riqueza inherente, no tendrá ningún problema para comunicar ideas y sentimientos de manera precisa, y al mismo tiempo, interpretar sin problema las nuevas estructuras abreviadas. Pero, ¿sucederá a la inversa para quienes comienzan a padecer esta especie de “estrechez  lingüística”?

En la medida en la que vayan reduciéndose las palabras, ojalá y no lleguen a achicarse también, ideas y sentimientos. Porque como bien decía Ludwig Wittgenstein “Los límites de mi lenguaje, son los límites de mi mundo.”

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.

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