Salud

José lucha contra el cáncer y su familia, contra la pobreza

El hospital argumenta que su operación tendría costo pues su mamá puede tener Seguro Social y eso le da otro nivel socieconómico

CIUDAD DE MÉXICO.

Si uno lo observa sin poner atención, parece que José se pegó en el ojo derecho, que tiene una inflamación común. Al acercarse, llama la atención que no hay moretón, ni rastros de un golpe. Se trata de un nuevo tumor atrás de la órbita ocular.

Si usted ve, la carita le ha cambiado mucho. Jamás pensé que uno de mis hijos, y más el chiquito, tuviera este problema de esta enfermedad.”

La confesión es de Adeline Cardoso Cruz, madre de José, un niño de 4 años que padece de histiocitosis, un cáncer poco común en el que ciertas células se multiplican con rapidez y migran a zonas del cuerpo donde no deberían estar.

En el caso de José, la histiocitosis le ha provocado tumores atrás del ojo derecho, luego en cada fémur. Meses más tarde apareció otro cerca de la rodilla derecha y ahora, uno más en la cabeza al que le llama “mi chichón”. Todo en dos años, la mitad de su vida. El mismo tiempo que ha estado en hospitales, principalmente en el Federico Gómez.

 

 

Desde que le operaron el primer tumor, en junio de 2018, José ha logrado sobreponerse con éxito a los siguientes diagnósticos. La peor cicatriz la carga su familia, originaria del municipio indígena de Cuautempan, en la Sierra Negra de Puebla, porque aún debe los insumos quirúrgicos que compraron hace un año y medio.

Cuatro materiales de alto costo para ellos: desde cotonoides, que son los paños que protegen tejidos sensibles durante la operación, hasta una caja de suturas. Un gasto de 10 mil pesos para una familia que tiene un ingreso mensual de 800.

Todavía me falta pagar tres mil pesos porque pedimos créditos para poder comprar estos materiales, porque nosotros no tenemos el recurso. Yo trabajo eventualmente limpiando casas, pero no me alcanza. Tenemos que pagar transportes al hospital, comida, hasta 25 pesos para bañarme cuando tengo que quedarme allá. No me dejan estar sucia”, dijo Adeline.

La plática se da en un cuarto prestado que ella y su hijo ocupan en Ecatepec, Estado de México. Un apretado cubo de 10 metros cuadrados, donde una única cama colinda con una estufa, y una pequeña mesa sirve igual como comedor, clóset o escritorio. Ahí esperan a que llegue el momento para una nueva cirugía en la que, además de pagar materiales quirúrgicos, podrían cobrarle la hospitalización.

En el hospital Federico Gómez, el área de trabajo social le advirtió que como empleada doméstica ya podría tener seguro social, según las reformas aprobadas a la Ley Federal del Trabajo. Con eso, ella pasaría del nivel 1, donde no pagan nada, al nivel 3, donde tendría que juntar entre 15 y 18 mil pesos para la operación.

Cinco mil pesos pues de la operación, cinco mil de la anestesia y dos mil 500 por cada día de cama, eso sería lo que yo pagaría.” Adeline, su hijo y sus padres esperan la noticia del hospital. “Nos dicen hasta el mero día y entonces empezamos a buscar el dinero”.

Irma Cerezo, su casera y quien ayuda a la familia prestándole el cuarto, escucha la conversación de lejos. Al cuestionarla por qué ayuda a José y su familia, la respuesta es contundente: “es mucha su necesidad”.

Cuando sale a trabajar, yo le pregunto a la mamá de José ¿cómo es que te pagan? Hay veces que nada más le dan comida. Hay veces que no tiene dinero. El 6 de enero le compramos unos juguetitos a José, porque ni para Reyes había.

La necesidad que ellos tienen es mucha como para creer que pueden pagar un hospital”, concluyó Irma.

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