Avance

Mujeres emprendedoras se abren paso en el mundo

Agencias

SAN SEBASTIÁN/LETICIA.

Se trata de dos expedicionarias. Dos mujeres que encontraron un destino fuera de México. Ambas se ganan la vida cocinando aunque viven en diferentes latitudes, una de ellas al norte de España, en el País Vasco, otra, en el corazón de la amazonía colombiana.

Beneranda vende cocteles de frutas en plena selva, camina entre las calles de Leticia y logra su objetivo al finalizar las dotaciones que distribuye en el trópico.

Anabel comenzó a vender comida mexicana en Hondarribia, a unos minutos de la turística San Sebastián y de la frontera con Francia, de ahí, logró abrir un restaurante que ha cobrado buena fama.

 

¡ÓRALE!, EXCLAMAN LOS COMENSALES

SAN SEBASTÍAN.— En el poblado vasco de Hondarribia y frente al Golfo de Vizcaya, sobre la pintoresca y céntrica calle de Santiago Kalea, hay un local de ‘Mexikar janaria’, es decir, de comida mexicana; ahí, su propietaria hace comida casera, la cual ha sido un éxito.

Órale se llama el restaurante de Anabel Olguín Reyes, el cual nació básicamente de la necesidad económica de salir adelante, pero sobre todo en un intento por dignificar la comida fuera de México.

La apertura del negocio ha llevado a realizar grandes sacrificios y trabajo por jornadas maratónicas, así como una inversión que fue muy difícil para tener un buen inicio. Anabel Olguín se levanta desde las 6 de la mañana para buscar los ingredientes frescos, recibir pedidos y comenzar con el trabajo de cocina.

Según la joven capitalina, “siempre cuando uno viaja echa de menos a la familia. Yo echaba más de menos la comida”.

Anabel Olguín lleva ya 16 años en España y es que se casó con un hombre originario del País Vasco, quien es su socio en la empresa, la cual nació el 13 de Julio de 2018.

“En todo el tiempo que he vivido aquí, conocí muy pocos mexicanos, pero desde que abrí el restaurante, llegan, salen de hasta de por debajo de las piedras”, dijo sorprendida.

Por ahora, recalcó la cocinera, la primera misión ha sido la de quitar de la cabeza a los extranjeros la idea de que la comida mexicana necesariamente es picosa, lo cual es un gran error de percepción.

Anabel Olguín apuntó que sus ojos se llenan de lágrimas cuando la gente da por hecho que la comida mexicana es la Tex-Mex, cuando uno pide totopos y le sirven tortillas fritas provenientes de una bolsa de plástico industrializada, y la gente agradece el que se sirva comida casera.

Una de las metas de Órale es incursionar en platillos ancestrales mexicanos, platillos con nopal, huitlacoche y flor de calabaza, por ejemplo; y la presentación de otros platillos, utilizando la riqueza de los productos del norte de España, sobre todo los ingredientes del mar para incursionar con cocteles de camarón, camarones a la diabla y pescaditos fritos con limón y sal.

Pero para obtener los productos importados desde México, Anabel Olguín ha acudido a pedir el consejo de otros mexicanos que han abierto restaurantes en ciudades como Madrid o Barcelona.

En Órale se nota el esfuerzo de la familia por salir adelante, liderado por una chilanga, ante la competencia de restaurantes de todo tipo.

 

VENDE COCTELES EN PLENO AMAZONAS

LETICIA.— Beneranda Esquivel Jaramillo vende ensaladas de frutas para ganarse la vida. En el corazón del Amazonas colombiano, esta mexicana ha logrado comercializar lo que allá es un producto es totalmente original, demostrando que para la creatividad no hay barreras, así sea en plena jungla.

Beneranda es conocida como Beny o simplemente como La Mexicana por todos los que trabajan y habitan en el centro de Leticia, la capital del departamento de Amazonas, en Colombia. Su arduo trabajo y sus sabrosos cocteles de frutas le han hecho ser uno de los personajes más celebres del pueblo del lado del río Amazonas.

Y es que literalmente toda la gente la conoce, porque todos los días, desde antes de las 8 de la mañana, Beny recorre las calles del centro cargando una hielera en donde lleva en platos desechables, la fruta partida, a la cual le agrega granola y miel.

Cada plato de fruta cuesta 6 mil pesos colombianos, es decir, unos dos dólares estadunidenses, pero es un producto único en la selva. De hecho, Beny tiene ya clientes fijos, sobre todo en oficinas y comercios.

“Aquí nadie vende ensaladas de fruta. Las ensaladas de fruta son con leche condensada, queso y yo las hago diferentes, nutritivas, bueno, las hago como se hacen en México”.

A sus 35 años de edad, La Mexicana está casada con un brasileño que conoció en México, y con quien vive en Tabatinga, el área conurbada de Leticia que está en Brasil.

Beneranda Esquivel cambió el concreto, el smog y el ruido de la Ciudad de México por la paz de la naturaleza, y es que ella es originaria de la colonia Ex Escuela de Tiro, muy cerca del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Sin embargo una vez al año vuelve a la patria para visitar a su familia, a la cual no olvida.

Y aunque en el Amazonas no existen las comodidades que podríamos conocer en México, ella le manda al menos una cantidad simbólica de dinero a su madre cada vez que puede.

Beny prepara sus ensaladas con sandía, papaya, melón, fresa, kiwi, uva, mango y plátano o banano, aunque algunas veces le agrega piña, que en Brasil le conocen como abacaxi.

“Muchas frutas de por acá no se llevan, y yo hago la mixtura lo más mexicano posible y yo creo que por eso gusta, pero luego uno no encuentra aquí todas las frutas, muchas las traen de otros lados, como la fresa”.

La labor de Beneranda la hace recorrer oficinas públicas y negocios privados, así pasa por una mueblería o por una boutique, o bien, por oficinas de migración o un banco, en tiendas de souvenirs así como en el mismo puerto de Leticia, en donde barcos y botes navegan el inmenso río Amazonas.

“Lo que pasa es que ya todos me conocen, y ya tengo mis clientes, y la gente me recomienda, entonces hay gente que se suma, me piden mis ensaladas. Hay un cliente que me ha pagado hasta 10 dólares por mis ensaladas”.

El recorrido termina en menos de tres horas. Y es que poco antes de las 12 del día, la actividad en Leticia se retrae. Poca gente se ve en la calle porque es la hora del almuerzo. Eso sin contar el calor insoportable de ese horario.

Así, Beneranda solamente espera a que su marido pase por ella en una motocicleta, para volver a casa.

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