Opinión

“Platero y yo” desde la ecocrítica

Algo que vale la pena leer

ALBERTO BOARDMAN

 

 Durante el siglo pasado, la “ecocrítica” como corriente de análisis, se estableció como un estudio serio de las obras literarias y su relación con elementos de sensibilidad social enfocados a la conciencia medio ambiental.

Cherryll Glotferty, primera profesora de literatura y medio ambiente en los Estados Unidos, apunta que la ecocrítica se encuentra definida como “el estudio de las relaciones entre la literatura y el medio ambiente”, y en este marco, “Platero y yo”, una de las obras monumentales de la literatura española del poeta galardonado con el Nobel en 1956, Juan Ramón Jiménez, aporta a la perfección elementos imprescindibles, que integran con precisión las piezas de un gran mecanismo de relojería literaria con aspectos de un discurso ecológico preponderante, al tiempo de sumar elementos de orden filosófico, ético y sociológico. De esta manera, se otorga al cuerpo de la obra una importante significación de la naturaleza retratada con delicadeza y elegancia, invitando al lector adentrarse en un tiempo y lugar que sin conocer, puede tener al alcance de los sentidos; tal y como podemos apreciar en el segundo capítulo del libro en cuestión:

            “II PAISAJE GRANA.- La cumbre. Ahí está el ocaso, todo empurpurado, herido por sus propios cristales, que le hacen sangre por doquiera. A su esplendor, el pinar verde se agria, vagamente enrojecido; y las hierbas y las florecillas, encendidas y transparentes, embalsaman el instante sereno de una esencia mojada, penetrante y luminosa. Yo me quedo extasiado en el crepúsculo. Platero, granas de ocaso sus ojos negros, se va, manso, a un charco de aguas de carmín, de rosa, de violeta; hunde suavemente su boca en los espejos, que parece que se hacen líquidos al tocarlos él…”

Así, la ecocrítica nos permite rescatar lo majestuoso de la naturaleza, aquello que con frecuencia leemos sin la consciencia de disfrutar; ese gratuito viaje a la exaltación natural de paisajes, pueblos, imágenes y sentidos, que en el sendero de la magia literaria forman parte de un mundo distinto al cotidiano, uno que no parece obedecer las limitaciones del tiempo y el espacio.

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.                                   

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