Por el sendero de acero hacia el país de los sueños

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Es el paso obligado para cientos de inmigrantes provenientes de República del Salvador y otros países de Centroamérica , que van tras el sueño americano, ahí llegan cansados , sometidos y muchos de ellos vejados, abusados por gente sin escrúpulos , que les quitan el poco dinero o las cosas de valor que llevan consigo, a riego de su vida y su dignidad como individuos de una raza humana que aun no termina de crecer, superan miles de peligros, amén de la las vicisitudes que se sufren al lomo de la bestia, como ellos han dado en llamar al sistema férreo mexicano; a lo largo del camino tienen que sufrir hambre, frio, cansancio soledad , al llegar este punto del estado ya casi a punto de lograr su meta , tiene que enfrenarse a un enemigo más, la policía.

Al mediodía de ayer, tras haber arribado a la ciudad en un camino de 4 meses que han realizado a traves del sendero de acero que conduce al país de los sueños , dos salvadoreños con respeto y humildad, solicitaban la ayuda de la gente de frontera para poder llegar a la ciudad de Piedras Negras.

Luis y José mencionaron “Hace cuatro meses que salimos de nuestro país, hace rato pasó un Policía por aquí y nos dijo que nos echarían a migración, le tuvimos que dar lo poco que la gente nos dio esta mañana, para que nos llevaran; tenemos miedo pero también hambre y ganas de llegar a los Estados Unidos”.

Comentaron que requieren de comprar una brújula para orientarse al llegar a la frontera con el país norte americano debido a que al arribar a Piedras Negras, solo se abocarán a echarse al río y cruzar la línea que divide a los dos países.

“La gente si nos ha apoyado, pero tenemos miedo porque vamos bien adelante en nuestro camino, queremos llegar allá para trabajar y ayudar a nuestras familias, no nos vamos a dejar agarrar estamos decididos a correr si viene la policía por nosotros” manifestaron.

Dispuestos a llegar a su destino a pesar de que en ello les vaya la vida, estos dos salvadoreños han puesto todas sus esperanzas de vida, para ellos y sus familias en llegar al país del norte; donde dicen que la misma comunidad de salvadoreños que ya lograron llegar, les ayudaran adaptarse a un país en el que se antoja fácil de lograr el progreso; que no es por cierto nada fácil.

Nos despedimos de ellos deseándoles la mejor de las suertes, y que el deseo de sus corazones pueda convertirse en realidad. La tarea no hubiera estado completa sin que antes de despedirnos les dejáramos algo de dinero y algunas latas para el camino que recibieron con muchísimo gusto y sumo agradecimiento.

Los vi perderse por el camino de acero, tras ese monstruo que a algunos da esperanza y éxito y a otros solo los acerca cada minuto más al fin de sus días, en su camino hacia el país de los sueños.